María Luisa Rubio Barthell
En el capítulo siete del segundo Libro de las Crónicas en las Sagradas Escrituras, el Señor nos dice: “Si mi pueblo se humilla sobre el cual es invocado mi nombre, y oran, buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra”.
¡Qué promesa más esperanzadora! Qué manera más maravillosa de entregarnos la solución a esta situación de temor, de incertidumbre y de inquietud que se está viviendo en casi todo México. Y es que cada día parece traernos un poco más de inquietud al conocer las noticias en el mundo pero sobre todo, las que nos afectan más de cerca que son las de nuestro querido México. Hoy escuchamos noticias que más parecieran sacadas de una novela de ficción pero lamentablemente es la realidad que nos rodea.
Definitivamente esto no es lo que Dios quiere para nosotros; Él siempre quiere sanarnos, liberarnos y salvarnos, nos quiere felices, pero su querer solo tiene un obstáculo: nuestra libertad, la que siempre respeta. Pero eso no impide que Dios no se canse de invitarnos a “volver a casa” con el corazón apesadumbrado por el peso de nuestras faltas, pero con la alegría de saber que igual que al hijo pródigo, nos espera un padre que nos ama inmensamente y que está esperando con ansias nuestro regreso para recibirnos con los brazos abiertos y colmarnos de regalos.
Todos sentimos que estamos viviendo momentos muy difíciles pero tal vez no todos estamos conscientes que ya estamos inmersos en la más grande y feroz batalla espiritual de toda la historia de la humanidad; batalla que culminará con la victoria final de la mujer y el inicio de una nueva civilización de paz, de amor y de justicia, será una renovación cósmica. El problema es que en esta batalla solo hay dos bandos que ya se están definiendo: o estamos con Dios, o con el enemigo. Para prepararnos a este momento, Dios envió innumerables veces a la Santísima Virgen para enseñarnos y guiarnos. Pero ¡qué duros de corazón hemos sido!
¿Por qué andamos buscando en otros lugares, fuera del regazo seguro y amoroso de nuestra Madre Santísima? ¿Qué esperamos encontrar lejos de la presencia real de Cristo en la sagrada eucaristía, lejos del todopoderoso, lejos del rey de reyes y señor de señores? ¿Lejos de aquél que tiene en sus manos las riendas de la historia?
En esta batalla y en este triunfo, México tiene un papel primordial, México fue creado para ser luz para las naciones, de aquí ha de salir la luz que transformará el mundo entero. Esa es la razón por la que la Madre de Dios puso su casa y se quedó a vivir entre nosotros y esa es la razón por la que sigue estando con nosotros. El enemigo lo sabe y a eso se debe la feroz batalla espiritual que estamos enfrentando en estos momentos y que por momentos parece perdida pero no es así pues es un designio de Dios y los designios de Dios… Inexorablemente, se cumplen. Lo que sí depende de nosotros es que ese triunfo llegue más tarde o más temprano y que llegue de manera más dolorosa o de manera más suave. Depende de cada uno de nosotros, en la medida en la que nos involucremos en la batalla y respondamos al llamado de Dios como decíamos al principio.
Mexicano, eres parte de una gran nación, eres parte de un pueblo elegido. México es tierra sagrada donde vive la Madre de Dios, es tierra regada por la sangre de muchos mártires, escucha hoy su llamado y vuelve al regazo de tu Madre, regresa a tu Dios y conocerás la dulzura de la paz.
Pero hay que salir del letargo en que estamos, tenemos que salir de nuestra área de confort y ponernos a las órdenes de nuestra capitana, con las armas espirituales: la oración sincera, una verdadera confesión de nuestras culpas, oraciones y actos de reparación y de desagravio por tantas ofensas, sacrilegios e ingratitudes que hemos cometido y que hemos permitido.
Volvamos a la única fuente verdadera de luz y de fortaleza que es Cristo en la eucaristía; tomemos la firme decisión de rezar el rosario. Esto es involucrarse en la batalla, no es nada difícil, el triunfo llegará pero como dice un santo sacerdote “No quiera participar en la victoria, quien no participó en la batalla”.
Que hoy 12 de diciembre nuestra reina y Madre de Guadalupe atraiga a sí muchos corazones y que oigamos la voz de Dios que no se cansa de invitarnos.
Mexicano, eres parte de una gran nación, eres parte de un pueblo elegido. México es tierra sagrada donde vive la Madre de Dios
