Franck Fernández(*)
En la antigua Grecia, de donde vienen las bases de nuestra cultura, las esculturas se hacían con mucha frecuencia representando al cuerpo humano desnudo. Los romanos, sus herederos, adoptaron el principio y, con el surgimiento del Renacimiento en Italia, los pintores y escultores retomaron esta tónica. Hoy día, cuando se supone que estamos mucho más adelantados, hay algunos que se ofenden terriblemente ante la imagen de un desnudo. Una cosa debe quedar clara: desnudo no es pornografía.
Todo esto es para hablarles de una gran escultura, posiblemente la más importante de todo el movimiento renacentista. Les quiero hablar de una obra de 4.80 metros de alto y que representa a un joven viril, enfrascado en la tarea que tiene por delante y que nos muestra todas sus humanidades. Les quiero hablar de una de las grandes obras de Miguel Ángel Buonarroti, su obra es el David.
Todos aquellos que hayan leído el antiguo testamento recordarán a aquel joven pastor que fue designado por Dios para enfrentar en duelo singular al gigante. Desde entonces se habla de la batalla de David y Goliat, la batalla del débil ante el fuerte, la batalla del joven imberbe ante el coloso de más de 2 metros y medios de alto.
Goliat estaba protegido por una armadura y llevaba una gran espada. Invitaba a David a acercársele para, de una vez y por todas, terminar con él. Lo que no sabía Goliat es que la protección de David era mucho mayor y que su pequeña honda estaba dirigida por la mano de Dios.
Con un golpe certero de una simple piedra que tiró David con su honda le dio un golpe en la frente a Goliat que, dejándolo aturdido, lo tiró al piso y después, con la propia espada del gigante, le cortó la cabeza. De simple pastor pasó nuestro David a rey y fundador de la nación de Israel.
En la Italia medieval no existía como hoy un estado único sino que lo que para nosotros es Italia hoy era un conjunto de diferentes estados independientes y que se hacían la guerra unos a otros. Florencia era una hermosa ciudad estado que se había enriquecido con el comercio de la lana y la banca. Se proclamaba república. Cosme de Medici fue el patriarca y fundador de una familia que, gracias a la banca, se creó un puesto importante en la historia y no solo florentina. De su familia salieron papas y reinas.
Como poderosos personajes del Renacimiento y amantes del arte, lo que tenían de positivo los Médicis era que fomentaban las artes. No solo eran grandes coleccionistas sino que también eran mecenas de la enorme cantidad de artistas que, como en un hervidero, florecía en esta Florencia, capital mundial del Renacimiento y de las artes. Incluso los que no eran de la ciudad venían aquí. Florencia era el lugar donde había que estar. De un poblado cercano era el artista que nos ocupa hoy, Miguel Ángel…
Traductor, intérprete y filólogo altus@sureste.com
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