Obras maestras en los géneros de novela y cuento
Maestro de la ciencia ficción, a quien se considera uno de los tres grandes del género, junto a Arthur C. Clarke y Robert Heinlein, el escritor estadounidense Isaac Asimov es el creador de un universo propio para su literatura del género, espacio dominado por su trilogía de “La Fundación” (“Fundación”, “Fundación e Imperio” y “Segunda Fundación”, a la que habría que agregar “Los límites de la Fundación”), dentro de la cual se pueden incluir sus demás obras literarias, complementando y nunca contradiciendo todos sus principios.
Asimov nació hace un siglo, el 2 de enero de 1920, en Petrovichi, Rusia, y falleció el 6 de abril de 1992 en Nueva York, donde su familia se estableció, en el populoso barrio de Brooklyn, cuando Isaac contaba apenas con tres años de edad.
Antes de los cinco años de edad aprendió a leer por sí mismo y a los 15 entró a estudiar a la Universidad de Columbia, donde se graduó como químico, y a los 28 obtuvo la maestría en bioquímica. Fue un autor prolífico, más de 500 títulos publicados, pero la mayor parte de ellos son de divulgación científica, historia y literatura antigua.
De acuerdo con sus biógrafos, escribía 90 palabras por minuto, casi todo el tiempo en máquina de escribir mecánica, pues sólo hasta 1981 tuvo una computadora, que le regaló una empresa fabricante de esos aparatos.
Un aspecto que marca la literatura de ciencia ficción de Asimov es que, a diferencia de muchos otros escritores del género, los robots en su obra no sólo son entes mecánicos, máquinas que realizan el trabajo para el bienestar humano.
En su literatura esos artefactos son incorporados a la vida del hombre, como acompañantes personales y personalizados, incluso con capacidades que les permiten pensar, discernir y hasta tener libre albedrío y estado de conciencia, a los que designó como positrónicos. Es así como surgen de su pluma las tres leyes de la robótica (palabra creada por él):
Un robot no puede dañar a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daños.
Un robot debe obedecer órdenes que le dan los seres humanos, excepto cuando tales órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
Un robot debe proteger su propia existencia, siempre que dicha protección no entre en conflicto con la Primera o Segunda Ley.
Expertos en su vida y obra señalan que sus principales publicaciones de ciencia ficción son la serie de “La Fundación”, publicadas cronológicamente en 1951, 1952, 1953 y 1982, así como el volumen donde recopiló diversos cuentos y que salió a la luz en 1950 bajo el título de “Yo, robot” (1950).
Pero casi la totalidad de su obra literaria puede tomarse como capítulos del universo creado por él, como por ejemplo “En la arena estelar” (1951), “Las corrientes del espacio” (1952), “Los océanos de Venus” (1954) o “Los robots del amanecer” (1983).
Aunque Asimov empezó a escribir desde la juventud y no fue su primera historia, en marzo de 1939 logró que la revista Amazing Stories publicara su cuento “Marooned off Vesta”, un año después empezó a escribir sus narraciones sobre robots (que serían compilados en “Yo, robot”) y al siguiente fue publicado “Anochecer”, que le pondría en boca de todos los amantes de la ciencia ficción y que muchos expertos consideran el mejor relato corto del género.
Entonces sus ingresos como escritor mejoraron lo que obtenía como académico, por lo que decidió dedicarse por completo a lo primero, tanto en el plano literario como de divulgación científica.
De esta forma, entre 1956 y 1964 aparecieron sus obras literarias “El gran sol de Mercurio”, “El sol desnudo”, “Las lunas de Júpiter”, “Con la Tierra nos basta”, “Los anillos de Saturno”, “Nueve futuros” y “El resto de los robots”. En los años siguientes retomó la segunda faceta y hasta entrados los años 70 aparecieron títulos como “La química de la vida”, “El neutrino” y “El cerebro humano”, y también de otro tipo como “La guía Asimov para Shakespeare” y “La guía Asimov para la Biblia”.
Igualmente publicó mensualmente una columna sobre ciencia en el medio The Magazine of Fantasy and Science Fiction.
En esa época recibió varios premios Hugo, que se otorgan a lo mejor de la literatura de ciencia ficción y fantasía, y en combinación con su fomento del conocimiento publicó hasta el final de sus días novelas y cuentos: “Viaje alucinante” (1966), “Cuentos de los Viudos Negros” (1974), “Compre Júpiter” (1975), “El hombre bicentenario” (1976), “Los límites de la Fundación” (1982), Robots e Imperio (1985), “Fundación y Tierra” (1986), “Viaje alucinante 2: Destino cerebro” (1987) y “Hacia la Fundación” (1993).
Un concepto interesante creado por el escritor es el de la psicohistoria, que no es otra que la predictibilidad del futuro gracias al conocimiento de la historia, del comportamiento humano y el uso de las estadísticas.
De esta forma se pueden vaticinar acontecimientos para anticiparlos e incluso intervenir en la sociedad para dirigirlos hacia el destino deseado. Esto nos hace recordar el manejo de datos realizado por la empresa Cambridge Analytica y que sirvieron para el triunfo electoral de Donald Trump, como se señaló en su momento.
A inicios de la década de 1980 Asimov fue sometido a una intervención quirúrgica, durante la cual requirió una transfusión de sangre y sin que se supiera el plasma que recibió estaba infectado del Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH), por lo que se contagió, y no lo supo sino hasta años después cuando al necesitar de otra operación.
Lo mantuvo en secreto ante el estigma que entonces existía hacia los portadores del mal.
Falleció el 6 de abril del año de 1992.
Posición intelectual
Fue un humanista y racionalista. No se oponía a las convicciones religiosas genuinas de los demás, pero se enfrentó a las supersticiones y a las creencias infundadas.
En la política
Era un progresista en temas políticos y partidario del Partido Demócrata de los Estados Unidos. En una entrevista televisiva a principios de los 70, respaldó públicamente a George McGovern. Se sintió muy desilusionado cuando vio las tácticas, que él consideraba irracionales, de los activistas.
