Presbítero Manuel Ceballos García

“Y se fueron a vivir a Nazaret”

El texto del evangelio de hoy puede ser considerado como el relato de un “nuevo éxodo”: la huida a Egipto, y, luego, pasado algún tiempo, el regreso de allí, obedeciendo san José la indicación de lo que Dios quiere —su voluntad—, lo cual hace que, en este episodio, san José se constituya en el personaje central del relato.

San Mateo relaciona, de esta forma, los comienzos de la vida terrena de Jesús con los orígenes del pueblo de Israel, para mostrar que, con Jesús, comienza un pueblo nuevo.

San Mateo nos presenta así la infancia de Jesús atravesada por su destino futuro de Mesías perseguido. Jesús está profundamente arraigado en su familia: protegido por María y san José. Será llamado ‘nazareno’ y en aquella aldea anónima de Galilea transcurrirá la mayor parte de su vida.

Pero Jesús es único y pertenece a Dios Padre. Esta misión marca, ya desde la infancia, su vida entera, incluyendo los avatares de los suyos. San José y la Virgen María tuvieron una misión fuera de lo común y de lo ordinario: contribuir a que el Niño Jesús creciera “en edad, sabiduría y gracia”, porque el malvado Herodes iba a buscar al Niño para matarlo.

José realmente se abrió en forma generosa y total al proyecto de Dios, al grado que san Mateo lo presenta pasando situaciones realmente difíciles con tal de salvaguardar al Niño para que el plan de Dios se hiciera realidad. San Mateo lo presenta como un instrumento dócil que cuida de un niño indefenso del que depende la salvación de la humanidad; y cuida de María con la misma delicadeza que del Niño.

Así, Jesús desde pequeño es colocado en la línea de los débiles y de los últimos, y su familia es el reverso de toda familia imperial, para estar cerca de las casas más sencillas y más pobres. Jesús es un “Dios débil” que pone su choza en los campos de refugio; es un Dios que elige ser más pobres que todos los demás porque —dirá después— “los pájaros tienen sus nidos y las zorras sus guaridas, pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza” (Mt 8, 20).

Jesús es un Dios que comparte la suerte de los desterrados y que será crucificado y sacado de las murallas bien seguras y tranquilas de su ciudad. En el evangelio apócrifo de Tomás, se lee el siguiente texto: “He venido al mundo y me he manifestado a los hombres con su carne. Los encontré a todos borrachos; entre ellos, ninguno estaba sediento. Y mi alma está atormentada por los hijos del hombre, porque en su corazón están ciegos y borrachos; vinieron al mundo vacíos y quieren salir del mundo vacío”.

 

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán