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Cada uno de los conciertos de la Sinfónica es un “rezo” junto con la comunidad

En su reseña del primer concierto de la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY), efectuado el 27 de febrero de 2004, el cronista de Mérida Jorge H. Álvarez Rendón escribió en Diario de Yucatánque la misión fundamental de la agrupación era “levantar pacientemente la carpa del gusto musical”.

“Solo con el andar de los años y las temporadas habrá un público idóneo bajo su sombra protectora, una falange de aficionados capaces ya de asimilar piezas de diferentes escuelas y demandar progresos en técnica y repertorio”, opinó entonces.

Dieciséis años y 33 temporadas después de seguir la ruta de desafíos y logros, la Orquesta hace verdad la predicción. “En un principio dio mucho trabajo crear un público, porque la gente no sabía qué iba a escuchar; hoy en día exige, dice ‘¿por qué no tocan esto?’, ‘hace tiempo que no tocan esto otro’”, indica Margarita Molina Zaldívar, quien desde julio de 2014 preside el Patronato de la OSY.

“Es importantísimo todo lo que la Sinfónica ha aportado a la sociedad. Hay un cambio cultural en Yucatán: la oferta musical es amplísima y ha despertado el interés en dedicarse a la música”, asegura.

Con ella coincide Juan Carlos Lomónaco, director de la OSY, quien destaca que, más allá del impacto sobre los asistentes a los conciertos en el Teatro Peón Contreras, su casa, la agrupación ha dejado huella en la educación de los futuros instrumentistas del Estado porque “contamos con músicos profesionales de alto nivel que pueden capacitar a otras generaciones”, además de que han dado origen a otros proyectos artísticos, como grupos de cámara, cuartetos, tríos y una Big Band.

En la vertiente formativa de la OSY se inscribe igualmente el acercamiento de los alumnos de nivel básico, medio superior y superior a la música sinfónica por medio del programa Sinfonízate.

Con la asistencia de los estudiantes al ensayo general de cada programa, los viernes a las 9 a.m., y la distribución de folletos informativos “estamos convencidos de que estamos haciendo un trabajo social, contribuyendo a la educación integral de los estudiantes”, asegura Miguel Escobedo Novelo, director del Fideicomiso Garante de la OSY (Figarosy), la paraestatal que administra a la Orquesta.

“Uno de los proyectos más ambiciosos es que los directivos de las escuelas del interior del Estado se convenzan de la importancia de que los estudiantes, antes de salir al mercado laboral, tengan esta experiencia”.

“Hay que tener mucho cuidado en la formación de los niños”, subraya Escobedo; “no hay que confundir entretenimiento y formación musical”.

Voto de confianza

Del nivel de la Orquesta son termómetro sus invitados, tanto directores como solistas, entre los que han figurado los pianistas Jorge Federico Osorio, Alexei Volodin y Edith Peña, y el chelista Carlos Prieto. “Esto es un voto de confianza de la gente que reconoce el nivel de la Orquesta”, señala Margarita Molina, quien agrega que los invitados también lo hacen “porque conocen el tipo de director que es el maestro Lomónaco”.

La señora Molina fue electa presidenta del Patronato al retirarse del cargo Adolfo Patrón Luján, fundador del organismo en 2001 cuando se propuso contribuir a que el Estado tuviera una orquesta sinfónica.

Él pensaba que “si la sociedad civil no se involucraba el proyecto no tenía futuro”, recuerda la presidenta.

Ésa es la razón por la que califica la creación del patronato como “la llave del éxito” de la OSY. En el grupo de benefactores “continuamente se van algunos, otros nuevos entran, otros generosamente aumentan su cuota”.

Para Juan Carlos Lomónaco, la relevancia de que exista la Sinfónica de Yucatán se comprende porque “la cultura es fundamental en cualquier sociedad”.

“La cultura es uno de los pilares más importantes del desarrollo de un país, y no digamos de un país como el nuestro”, afirma el director, que agrega que “Yucatán tiene una riqueza cultural sobresaliente, notoriamente brillante en comparación con varios estados de la República”.

La asistencia a un concierto tiene, asimismo, significado social. “Se ha demostrado que nunca es la misma apreciación la de un concierto en vivo que la de una grabación o un vídeo”, afirma.

“Es un rito, un rezo que hacemos todos (los músicos) en conjunto con la sociedad”.— Valentina Boeta Madera

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