Jorge H. Álvarez Rendón (*)

Ningún ambiente más apropiado que la antigua Escuela de Bellas Artes —ahora Centro Estatal, en porfiriano edificio de la avenida Itzaes— para que la maestra Eglé Mendiburu Carrillo recibiera anteanoche la medalla Cultural 2020 por más de sesenta años como presencia destacada en la escena peninsular.

Disciplinada y flexible, actriz apta para encarnar personajes siempre asomados a la energía o el misterio, maestra de muchas generaciones de intérpretes Eglé Mendiburu ha llegado a la madurez como aspira cualquier hijo del teatro: en inmutable disponibilidad para retornar, cualquier día, a ese juego de ilusiones fugaces que transforma un escenario en centellas de segunda vida.

De manos de la secretaria de Educación, Loreto Villanueva Trujillo, la maestra Eglé recibió la presea entre aplausos de numerosos de sus colegas, exalumnos, familiares y amigos, en el marco de una ceremonia vistosa y con el lustre de la justicia y la añoranza por la sumatoria de todos los personajes que ha despejado con talento y metódica disciplina.

Recuerdos

La conoció el cronista, aún adolescente, en aquellos años cuando la Escuela de Bellas Artes hospedaba a una gran familia de músicos, pintores, bailarines y actores que aproximaban sus vocaciones y se tendían la mano fraterna en el amado edificio de la calle 59 entre 62 y 64.

En papeles de dama joven, Eglé laboró desde 1959 bajo la guía del maestro Armando Vidiella o más tarde de Luis Pérez Sabido. Después hizo estudios en la metrópoli y volvió para explorar técnicas diversas con directores como Armando Trejo Cardós, Tomás Ceballos, Paco Marín y Eric Renato Aguilar. En Bellas Artes pasó, en cincuenta años, de alumna a directora del área de teatro.

Mensajes

Cuatro personas tomaron la palabra en el acto: Corazón Sánchez Aguilar, directora del Centro Estatal; José Iván Rubio, director escénico y exalumno infantil de Eglé; la maestra Villanueva Trujillo y la propia homenajeada.

Especialmente emotivas fueron las evocaciones de Jose Iván, quien recibió las enseñanzas de la maestra Mendiburu desde los siete años de edad. Gracias a él recordamos algunas de las numerosas obras en las que aquella ha participado: “La culta dama” (Novo), “Cada quien su vida” (Basurto), “La importancia de llamarse Ernesto” (Wilde), “El alma buena de Suechan” (Brech) y “El canto de los grillos” (Juan García Ponce).

Agradecimiento

En su texto de agradecimiento, Eglé recordó a tres elementos de su generación, la de 1959: las hermanas Conchy y Nancy Roche, así como el maestro Pérez Sabido. Asimismo, agradeció a los numerosos colegas y amigos por acompañarla en la ocasión.

En el transcurso de la ceremonia tomaron parte alumnos destacados de música, danza y teatro que hicieron más ameno y coherente el homenaje a la maestra Mendiburu Carrillo.

Cronista de la Ciudad

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán