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Destaca la lectura de Vicent de la 5a. de Beethoven

Tras pausa de dos semanas, la XXXIII temporada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán se reanudó anteanoche con el sexto concierto, en que se ofrecieron obras de un nacionalista checo, un germano que fuese cumbre mayúscula del clasicismo y el gigantesco iniciador de cuanto hoy se llama romanticismo musical: Antonin Dvorak, Wolfgang Mozart y Ludwing van Beethoven. ¿Podía aguardarse un panorama más promisorio?

En el teatro sede, atenta al pulso del director español Josep Vicent, con un lenguaje corpóreo efusivo y detalista, nuestra orquesta custodió su reputación con versiones de presumible corrección que no defraudaron a los fieles. Obró como solista al corno el maestro Juan José Pastor.

El español controló tiempo y dinámica en esa obertura Carnaval de don Antonin que representa la vivacidad habitual en las fiestas bohemias cuando la primavera está en vísperas y prevalece el bullicio y la carnalidad.

Veloz torbellino en los extremos con predominio de percusiones, más un oasis de serena nostalgia con solos de flauta, oboe y del primer violín. Bien señalados los contrastes y nos pareció que se obtuvo la efusiva calidez del tono.

Concierto de corno

Uno de los biógrafos de Mozart insinúa que su cariño por el templado sonido de corno proviene de sus recuerdos infantiles, cuando recorrió Europa como niño portentoso en largos viajes en diligencia.

Y en estos vehículos viajaba un empleado llamado postillón, cuya misión era tocar tres veces el corno al aproximarse a un poblado donde habría reemplazo de caballos y alimentos para los viajeros.

Aparte de detener esa evocación en la Serenata “del postillón”, Amadeus compuso cuatro conciertos para corno con el objeto que los tocase uno de sus amigos de infancia —Joseph Leutgeb— quien había dejado Salzburgo para abrir una quesería en Viena.

Leutgeb era paladín en su instrumento, pero hombre simple y sin muchas ambiciones (se dice que Mozart lo retrató en el Papageno de “La flauta mágica”) y en el manuscrito del concierto que escuchamos —el cuarto— se hallan confianzudas bromas del compositor austriaco: “Ahí tienes, señor burrito… a ver si puedes con estos pasajes”.

El solista de anteanoche, maestro Pastor, principal cornista de nuestra orquesta, no tuvo problemas serios en su travesía por los tres movimientos de la pieza.

Con sonido lleno y variado cruzó el Allegro moderato cuyo regocijo es contagioso, aunque con cierta limitación en la cadencia. Notable concentración y expresividad destacaron el adagio. El rondó final fue un pálpito de vitalidad, remedo de aquellas cacerías de zorro o de venado en las cuales el corno entusiasmaba el ambiente. En el original, con tinta verde y roja, señala Mozart algunas dificultades, las cuales, como Leutgeb en su momento, fueron sopesadas por el maestro Pastor. El cúmulo de aplausos llevó al cornista a ofrecer una adaptación de Astor Piazzola.

Quinta Sinfonía

Resistente al paso de los años —de acero inoxidable— la Sinfonía No. 5 de Beethoven ostenta la primacía en cuanto reconocimiento popular. En muchas ocasiones, la “quinta” es la única obra de don Ludwig que el común de la gente identifica, quizá por su famoso núcleo rítmico inicial que los aliados popularizaron en la segunda guerra mundial para combatir y derrotar —dato trágico— a la momentáneamente enloquecida nación a la cual perteneció el maestro.

Y siendo así de popular, nada mejor que la Quinta para continuar con la celebración de los 250 años del natalicio del compositor. El maestro Vicent se enfrentó con evidente agudeza a los cuatro movimientos de esta obra.

El director español avanzó pulcramente por la partitura y nos pareció que graduó bien las modificaciones dinámicas y el tiempo. El allegro con brío desde su núcleo de cuatro notas —base de toda la estructura— discurrió con su tenso contraste entre entusiasmo e introspección. Muy claros los diálogos de cuerdas y alientos.

Las seis variaciones temáticas del Andante, sobre todo la presentación del cantabile por las cuerdas graves, concentró emotividad y buen fraseo. En el scherzo retorna el motivo central con elegantes desarrollos hasta el gran crescendo que nos deposita en el Allegro final.

Triunfal es el inicio del Allegro final con ese llamado de trompas y otros alientos, a los que se incorporan (por primera vez en una sinfonía) el par de trombones. Soberano desarrollo, muy bien manejado por Vicent, hasta llegar a esa conclusión en la que los timbales enfatizan la sensación de victoria de la vitalidad sobre cualquier desesperanza. Al público le agradó sobremanera la lectura de don Josep, así que este convino en ofrecer el Vals Trise de Jean Sibelius.— Jorge H. Álvarez Rendón

 

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