Sin embargo, se deben demostrar aún sus efectos
WASHINGTON (AP).— Los científicos examinan vacunas elaboradas hace décadas contra otros patógenos para determinar si podrían proteger un poco contra el Covid-19 hasta que se tenga una fórmula más precisa.
Puede sonar raro, ya que las vacunas se desarrollan para atacar una enfermedad específica. Sin embargo, las que están hechas con cepas vivas de bacterias o virus parecen fortalecer la primera línea de defensa del sistema inmunológico, una forma más general de proteger contra gérmenes.
Y los libros de Historia demuestran que a veces eso genera algún tipo de protección contra patógenos totalmente diferentes.
Todavía no hay evidencia de que la estrategia fortalezca el sistema inmunológico lo suficiente contra el nuevo coronavirus. Pero, dado que la vacuna contra el Covid-19 tardaría de 12 a 18 meses, algunos investigadores piensan que es momento de ensayar esta estrategia, empezando con la dosis contra la tuberculosis.
“Esto es aún una hipótesis”, subraya el doctor Mihai Netea, del Centro Médico de la Universidad Radboud en Holanda. Pero si funciona, “podría ser una herramienta muy importante para cubrir esta etapa de peligro hasta que tengamos en el mercado una vacuna específica”.
La Organización Mundial de la Salud emitió severa advertencia para que no se use la vacuna contra la tuberculosis en el Covid-19 antes de que los estudios demuestren que funciona.
Unos 1,500 empleados médicos holandeses ya participaron en un estudio que dirige el equipo de Netea y utiliza la fórmula contra la tuberculosis, de nombre BCG, que está hecha a partir de un primo bacteriano vivo, pero debilitado, del germen de la tuberculosis.
Posiblemente luego se pasará a la vacuna oral contra la polio, consistente en gotas hechas de virus vivos pero debilitados. La Global Virus Network con sede en Baltimore planea efectuar estudios similares con esta fórmula, revela Robert Gallo, cofundador de la red.
En los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, los expertos sostienen las primeras conversaciones para estudiar las vacunas contra la tuberculosis y la polio, revela la vocera Jennifer Routh.
Hay una advertencia: las vacunas de agentes vivos son riesgosas para las personas con sistemas inmunológicos debilitados, y solamente deberían probarse contra el Covid-19 dentro una investigación, no fuera de ella, enfatiza Denise Faustamn, jefa de inmunobiología del Hospital General de Massachusetts.
“No puedes simplemente empezar a utilizarla”. Pero “es una gran oportunidad para probar o refutar este efecto contra un blanco distinto del original”.
Hace años los científicos observaron con varias vacunas vivas lo que el doctor Victor Nizet, experto en inmunología de la Escuela de Medicina de la Universidad de California en San Diego, llama “una curiosidad importante que la gente está interesada en aprovechar”.
La BCG se aplica sobre todo a los recién nacidos en países en desarrollo y ofrece solo protección parcial contra la tuberculosis. Sin embargo, se ha visto que los menores vacunados tienen en la niñez una mejor supervivencia general, incluso ante virus respiratorios.
En 2018, el equipo de Netea demostró que la BCG estimula las defensas inmunológicas iniciales lo suficientemente para bloquear al menos en parte otro virus administrado de forma experimental un mes después.
¿Y qué hay de la dosis oral contra la polio? Esas pistas surgieron primero en la extinta Unión Soviética, recuerda Konstantin Chumakov, de la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA) de Estados Unidos. Su madre era una científica soviética que en la década de 1970 publicó una investigación que mostraba que los casos de gripe se reducían notablemente después de la aplicación de la vacuna oral contra la polio.
En 2015 expertos daneses encontraron indicios de protección cruzada tras la administración de dosis orales contra la polio. Las gotas todavía se usan en países en desarrollo, mientras que en naciones que han erradicado la enfermedad se usa la vacuna inactiva para las inoculaciones de rutina.
Hay defensas inmunológicas que se superponen. La meta usual de una vacuna es preparar al organismo para reconocer una amenaza específica y desarrollar anticuerpos capaces de combatirla cuando se presente.
Pero eso toma tiempo. Así que a la primera señal de infección una primera línea de soldados de a pie (los glóbulos blancos de la sangre) se pone en acción para ahuyentar al invasor, lo que se llama inmunidad innata. Si fallan, entonces el cuerpo desarrolla fuerzas especiales más específicas para unirse al combate.
La BCG parece reprogramar las células inmunológicas innatas de forma que pueden eliminar más fácilmente el germen directamente, explica Netea.
Científicos no involucrados en las pruebas con estas fórmulas consideran que vale la pena intentarlo.
“La base científica me parece bastante lógica”, asegura Nizet. “Lo desconocido es si los coronavirus están en el espectro de cosas” ante las que esa inmunidad innata de primera línea puede “proteger eficientemente”.
De un vistazo
Mejor preparados
Algunos científicos creen que a los países con grandes sectores de la población vacunados con la BCG les irá mejor en la pandemia. Pero, dados los problemas para lograr un conteo total preciso, es muy pronto para sacar conclusiones.
Investigación
En Australia los investigadores esperan inscribir a 4,000 empleados de hospitales para probar la BCG, y 700 ya recibieron la dosis o un placebo. Hay planes de realizar trabajos similares en otros países.
A largo plazo
Se requiere hacer investigaciones rápidas para saber si podría haber “efectos a largo plazo (de la vacuna oral contra la polio) para una segunda ola” del coronavirus, dice Robert Gallo, director del Instituto de Virología Humana en la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland.
