Hablemos de Bioética
El Día Mundial de la Tierra, celebrado ayer, fue una oportuna ocasión para releer la encíclica del Papa Francisco “Laudato si”, sobre el cuidado de la casa común.
Es de especial reflexión el número 14 de esta carta, que dice: “Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como construimos el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos.
“El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concienciación. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no solo por el rechazo de los poderosos sino también por la falta de interés de los demás.
“Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una solidaridad universal nueva. Como dijeron los Obispos de Sudáfrica, se necesitan los talentos y la implicación de todos para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios. Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades”.
O también en el número 20: “Existen formas de contaminación que afectan cotidianamente a las personas. La exposición a los contaminantes atmosféricos produce un amplio espectro de efectos sobre la salud, especialmente de los más pobres, provocando millones de muertes prematuras.
“Se enferman, por ejemplo, a causa de la inhalación de elevados niveles de humo que procede de los combustibles que utilizan para cocinar o para calentarse. A ello se suma la contaminación que afecta a todos, debida al transporte, al humo de la industria, a los depósitos de sustancias que contribuyen a la acidificación del suelo y del agua, a los fertilizantes, insecticidas, fungicidas, controladores de malezas y agrotóxicos en general.
La tecnología que, ligada a las finanzas, pretende ser la única solución de los problemas, de hecho suele ser incapaz de ver el misterio de las múltiples relaciones que existen entre las cosas, y por eso a veces resuelve un problema creando otros”.
Ojalá que con motivo de esta efeméride nos demos un tiempo para leer esta valiosa carta, que paradojicamente ha sido mejor recibida por los no creyentes que por los mismos católicos.
Urgen tomar medidas radicales por todos, para mejorar la calidad de vida de los más pobres, más vulnerables, los menos favorecidos, esto no solo de parte de los gobiernos sino de la misma humanidad para enfrentar y afrontar los desafíos que la misma naturaleza nos tiene.— Presbítero Alejandro Álvarez Gallegos, Profesor de Bioética en el Seminario Conciliar
Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas
