Presbítero Manuel Ceballos García
“La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos”
Jesús tuvo oportunidad de conocer a fondo la situación lamentable del pueblo palestino. Gráficamente la describió con estas palabras; “las gentes son como ovejas sin pastor”, es decir, que no hay quien las conduzca y las defienda de los lobos. Pero esta situación extrema de abandono es por otra parte una situación llena de esperanza.
Jesús, utilizando el ejemplo de la cosecha, dice a sus discípulos que todo está a punto para que se anuncie la Buena Noticia. Lo que importa ahora es rogar al Señor de la mies que mande trabajadores a recoger la cosecha.
Los primeros trabajadores ya están preparados: son los discípulos de Jesús. Ellos han visto y han oído a Jesús, y ahora reciben el poder para hacer y decir lo mismo que Jesús. La misión que han de cumplir es en beneficio de todos los hombres y de todo el hombre. La evangelización es el anuncio eficaz de una liberación integral. Jesús no envía a sus discípulos a “salvar almas”, sino a salvar la vida en toda su extensión.
Jesús les da poder para liberar al hombre de cualquier tipo de opresión. Y sobre todo es claro cómo tienen que actuar siempre: no como quien hace un negocio, sino dando con generosidad lo que ellos mismos han recibido gratuitamente. Evangelizar es liberar y solo puede liberar el que no hace negocio.
Así pues, hoy tenemos la sensación del nacimiento de una nueva comunidad alrededor de Jesús que tiene su origen en esa gente sin guía, un rebaño que busca por sí solo las pistas de los pastos sin el cayado seguro del pastor; un campo rico de frutos maduros, pero sin segadores que recojan con alegría las espigas de trigo. Entonces, el pastor de este rebaño, el dueño de estos campos decide llamar pastores y obreros como colaboradores suyos. De esta iniciativa totalmente gratuita, seguida de la “compasión” de Cristo, nace la comunidad apostólica de los Doce Apóstoles, cuya lista encontramos “oficialmente” en el texto del evangelio de hoy.
Esos Doce fueron los Apóstoles, es decir, “enviados”, “pastores”, “pescadores de hombres”, “viñadores”. Su misión, efectivamente, va dirigida a las “muchedumbres cansadas y agotadas”, y estará sostenida por el poder conferido por Cristo, por sus imperativos, por su formación, por la gracia divina implorada en la oración: “les dio poder de curar…, y los envió después de haberlos instruido…; no vayan… diríjanse… prediquen… curen… sanen… expulsen…”.
Tengamos en cuenta que la insistencia sobre el primado de Dios y sobre la gratuidad hace cada vez más consciente al apóstol de su ser secundario respecto del protagonista: el apóstol es la mano de Dios, es “el siervo inútil que ha hecho lo que tenía que hacer”. El apóstol solo es un colaborador del Señor.
