Semana del Seminario
Hermana Ángeles(*)
El carisma de nosotras las Oblatas de Jesús Sacerdote es “Amar el sacerdocio de Cristo y hacerlo amar”.
Este carisma lo expresamos de manera concreta en la oración y el servicio desde nuestros diferentes apostolados en la persona del sacerdote: Si es en una parroquia, lo apoyamos en los diversos servicios, incluyendo los grupos de apostolado; siendo mediación con nuestra oración y también ayudando a crear conciencia en el pueblo de Dios de su sacerdocio bautismal.
Dentro de una administración parroquial o un secretariado en obispados, apoyamos en toda la logística de la parroquia o en el servicio al obispo; si es en el taller litúrgico, confeccionamos todo lo relacionado al servicio del altar. Y en el Seminario, con nuestra oración y presencia testimonial servimos a Jesús Sacerdote como lo hizo María en Nazareth.
Como decía nuestro padre fundador, Félix de Jesús Rougier: “Colaborando en la formación de los futuros sacerdotes de manera indirecta, pero real”. Llevo cada día a mi oración ante Jesús Sacramentado a todo el pueblo de Dios.
De mi estancia realizada en Yucatán tengo presentes los momentos que comparto de manera familiar en el Seminario, como participar en la Eucaristía, en las fiestas y en el trabajo. No sería una presencia testimonial si no tuviéramos espacios para compartir la vida, los proyectos la vida diaria; cada quien desde lo que le toca, pero de una manera cercana y real; por ejemplo: cuando participamos en la dimensión espiritual rezando juntos el rosario en el marco de las fiestas patronales o bien, en la posada cada quien representó una parte del nacimiento. Se vive un ambiente familiar, divertido y fraterno.
Lo que yo espero de los sacerdotes y de los seminaristas es que sean fieles a la llamada que han recibido. Espero que se vayan configurando en Jesús Sacerdote y tengan los mismos sentimientos de su corazón sacerdotal: misericordiosos, solidarios, cercanos, comprensivos y verdaderos mediadores entre Dios y los hombres. Que tengan pasión por el Reino; y que el Evangelio sea el parámetro de su vida y sus actos. Que el discernimiento sea parte de su estilo de vida. Que amen profundamente al Padre y a la Iglesia y, configurándose con Cristo, sean dóciles a las mociones del Espíritu Santo.
Les pido que sean sacerdotes con el corazón de Jesús. Confío que Yucatán tiene y tendrá sacerdotes santos, sabios, sanos y con nuestra oración colaborar para esto y que, desde la formación, éste sea uno de sus grandes retos y anhelos.
Religiosa oblata de Jesús Sacerdote
