Creen más en los mitos
“Como investigadores duele ver que los mitos, rumores y noticias falsas que se han propagado en torno al Covid-19, especialmente a través de las redes sociales, gozan de más credibilidad entre la población que todo aquello que se hace con sustento científico”, señaló la doctora Diana Beatriz Guarneros de Regil, directora médica asociada en MSD México, durante la conferencia virtual “El valor de la investigación clínica en tiempo de pandemia”, impartida ayer.
La especialista, que ofreció en su ponencia un panorama del desarrollo de la investigación científica de la farmacéutica con 129 años en el mundo y 88 en México, lamentó que mitos, rumores y noticias falsas en torno al Covid alcancen niveles de certeza cuando existen proyectos de investigación muy cuidadosos y supervisados para obtener una vacuna o un tratamiento.
“No hay ninguna base científica ni fundamento en la difundida teoría de elementos de nanotecnología para control de la población a través de señales 5G insertas en las vacunas contra el Covid-19. No es cierto y es lamentablemente que la gente crea que un termómetro infrarrojo destruya neuronas del cerebro, bastó que alguien lo dijera a través de las redes sociales para que muchos crean que es cierto. Estos termómetros inocuos están diseñados para dar una lectura certera y rápida de la temperatura utilizando como puntos de medición la cabeza o el oído. Si alguien no se toma la temperatura de la forma correcta, no tiene una medición real de la misma y eso ya es un problema cuando se trata de disminuir los contagios”, dijo la especialista.
Un ejemplo de la proliferación de mitos y teorías falsas es la falta de eficacia de la vacunación a los niños y que, con la proliferación de casos de sarampión, ha quedado al descubierto.
Por su parte, la doctora Alejandra Barajas Olivas, directora ejecutiva de investigación clínica de MSD, coincidió en que la ignorancia es un factor determinante en la proliferación de la enfermedad y, mientras más se propagan las mentiras, los rumores y la información falsa, más difícil será convencer a la gente de los esfuerzos científicos que se están realizando para desarrollar opciones para el control de la pandemia. Recordó que actualmente MSD trabaja en dos proyectos de vacuna y dos de tratamiento.
Las prioridades de la investigación científica van acordes con las necesidades de cada época. Por ejemplo, a principios del siglo XX el combate de las enfermedades infecciosas representaba el 50% de las investigaciones clínicas del mundo. El desarrollo de la penicilina en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, cambió para siempre el tratamiento de esos padecimientos, al grado que en 2010 los proyectos de estudio en este rubro eran solo el 3%. Con la aparición del Covid-19, nuevamente la investigación en torno a enfermedades infecciosas cobró auge.
La investigación arrojó importantes logros en la lucha de los males cardíacos en 1987, contra el VIH en 1996, diabetes tipo 2 desde 2006, lo mismo que contra el virus del papiloma humano y el rotavirus; en 2014 contra los padecimientos oncológicos y la varicela, y en 2019 contra el mortal ébola que diezmó la población de varios países de África.
La vacuna del Covid-19
Hoy día, en el mundo existen 130 vacunas candidatas a aprobación para el Covid-19, la gran mayoría en fase dos o tres de protocolos de investigación. Esto quiere decir que, aunque ya se está probando en seres humanos, los grupos de experimentación aún son muy pequeños y falta medir los resultados de estos procesos a fin de asegurar que sean efectivas.
Explicaron que los tiempos para desarrollar las vacunas son variables, pueden ser de hasta 10 años, antes de que sean aprobadas. Sin embargo, dadas las circunstancias actuales se puede avanzar a pasos agigantados.
Los voluntarios que se someten a las pruebas de experimentación de los laboratorios son sujetos de control muy estrictos y tienen la ventaja de acceder antes y gratis a una cura potencial.
Otro factor que interviene en la búsqueda de una vacuna contra el Covid-19 es la capacidad de producción. No es lo mismo producir dosis de experimentación que a gran escala. Asimismo, se requiere un plan de vacunación particular para cada país, dando prioridad a los sectores que más la requieren. Una vacuna puede tardar dos años en llegar de la línea de producción al paciente, probablemente la vacuna que la persona adquiere hoy en una farmacia estuvo en un depósito los últimos seis u ocho meses.
En México la investigación farmacéutica genera unos 87,000 empleos directos y 400,000 indirectos.— Emanuel Rincón Becerra
