A Eduardo Galeano le gustaba ser breve y mejorar el silencio. “Sólo hay que decir las palabras que merecen existir, las que son mejores que el silencio”, decía, algo que aprendió de Juan Carlos Onetti, uno de sus maestros.
Así respondió el escritor a una pregunta sobre su brevedad literaria. “Me gusta ser breve, la inflación monetaria no afecta tanto a México como la inflación palabraria”.
El escritor Eduardo Galeano nació en Montevideo, Uruguay, el 3 de septiembre de 1940. Ayer hubiera cumplido 80 años (falleció el 13 de abril de 2015).
Visita a Yucatán
En abril de 2009 el autor de “Las venas abiertas de América Latina” visitó Yucatán invitado por el padre Atilano Ceballos Loeza, director de la Escuela de Agricultura Ecológica “U Yits Ka’an”, y Olga Moguel Pereyra, ex consejera de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán.

En la capital yucateca presentó su libro “Espejos: una historia casi universal”, en la que habla del Mayab.
En el relato “Victorioso sol, luna vencida”, expresa: “La luna perdió la batalla cuando el sol difundió la noticia de que no era el viento quien embarazaba a las mujeres… En Yucatán, la luna y el sol habían vivido en matrimonio. Cuando se peleaban, había eclipse. Ella, la luna, era la señora de los mares y de los manantiales y la diosa de la tierra”.
“Con el paso de los tiempos, perdió sus poderes. Ahora sólo se ocupa de partos y enfermedades…”
También habla de fray Diego de Landa… recuerda el periodista José Castro Morales.
Texto a Felipe Carrillo Puerto
Además de dedicarle un texto a Felipe Carrillo Puerto en “Memorias del fuego”, en “Las caras y las máscaras”, segundo libro de esta trilogía, recrea la valentía y drama de Jacinto Canek en 1761, en Cisteil y Mérida.
En aquella visita a Yucatán en 2009, Galeano estuvo en Maní en la citada escuela de agricultura, participando en una ceremonia maya y bebiendo balché en jícara, “porque quería ver dónde ocurrió el acto criminal de Diego de Landa… que apenas dejó uno que otro códice”, dijo.

En su visita a la península el uruguayo rechazó entrevistas exclusivas y fotografías “porque aquí no hay la tecnología de Estados Unidos, donde las cámaras tienen un botón que dice H, que significa hair, y salgo con pelo”, pero sí firmó autógrafos, con la condición que fuera sólo un libro por persona.
A todo eso se disculpó con la excusa de que estaba cansado (la visita a Yucatán era parte de una gira promocional por México, donde le sorprendió la calidez con la que lo recibieron, pues en la UNAM los estudiantes le pedían cantando “otra, otra” lectura).
Una multitud para verlo
En la presentación gratuita que tuvo en Mérida, en el teatro Felipe Carillo Puerto de la Uady, que se transmitió en una pantalla gigante en el teatro Peón Contreras, el público casi tira la puerta para verlo.

Había gente, la mayoría jóvenes (hasta la fecha sus más fervientes lectores) hasta en los pasillos, las escaleras, fue una locura total.
Según trascendió después, entre los dos recintos, habilitados con pantallas gigantes, se congregaron cuatro mil personas, algo notable para un escritor.
“Conocer ciudades con los pies”
Galeano, vestido con unos tenis negros, modernísimos (dijo que le gusta “conocer las ciudades con los pies”) dedicó su lectura a Felipe Carrillo Puerto, en el recinto que lleva su nombre, con el texto que sobre el yucateco escribió para “Memorias del fuego”.
Habló del olor de la guerra, “de esa podredumbre caliente, dulce y pegajoja que da náusea”; de las mujeres “que les llaman minoría cuando son el 50% de la humanidad” y de Barack Obama “que no se distingue mucho de otros presidentes, aumentó el presupuesto de guerra, que le llaman de defensa, pero me gusta que haya un presidente negro”.
El público yucateco lo acribilló con preguntas: ¿Qué haría si fuera entrenador del Tri (el escritor era hincha)? ¿Qué es la utopía? ¿Por qué creer en Dios?
A todo respondía con frases lapidarias y contundentes, como era él, moviendo conciencias, haciendo que nos cuestionáramos también muchas cosas.
“Quise ser futbolista, santo, dibujante… pero todo lo hacía mal; al final se me ocurrió escribir y en esas ando…”, contó.
Sobre el escritor
Eduardo Germán María Hughes Galeano fue uno de los autores más influyentes de la izquierda latinoamericana.
A los 14 años publicó sus primeras obras con el seudónimo “Jius”, que es la pronunciación castellana de su primer apellido (Hughes).
Fue jefe de redacción del semanario “Marcha”, que hizo historia por ser muy combativo durante la dictadura militar; director del diario “Época”, en Uruguay, y la revista “Crisis”, en Argentina.
Durante la dictadura en Uruguay en España y regresó cuando se restableció la democracia.
Entre sus obras, algunas de las cuales han sido leídas en todo el mundo y se han traducido a varias lenguas, figuran “Las venas abiertas de América Latina”, “El fútbol a sol y sombra”, “Los hijos de los días”, “Memoria del fuego”, “Días y noches de amor y guerra”, “El libro de los abrazos” y “Espejos”.

“Un mar de fueguitos”
Una de sus obras más profundas es “El libro de los abrazos”. Una de sus frases todavía la tenemos en la memoria, “El mundo es un mar de fueguitos”:
“Un hombre del pueblo de Negua, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
“El mundo es eso. Un montón de gente, un mar de fueguitos”.
No hay dos “fuegos” iguales
“Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores”.
“Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas”.
“Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.
