Abre la puerta la Estación Espacial a la exploración

Hasta la Estación Espacial Internacional (EEI) se han desplazado en los últimos 20 años más de 200 astronautas (entre ellos el actual ministro español de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, o el cosmonauta de origen español Miguel López Alegría) de casi 20 países.

Pero también llegaron los primeros turistas espaciales, una decisión todavía controvertida por el millonario coste (que en su mayoría sufragan los propios “viajeros”) y el diferente nivel de adiestramiento que tienen en comparación con los astronautas profesionales.

Más allá de los hitos que la ciencia y la tecnología sumaron gracias a la EEI, desde el complejo se han registrado momentos históricos, como la interpretación que el astronauta canadiense Chris Hadfield hizo del tema “Space Oddity” de David Bowie en 2013 o la llamada de atención sobre la fragilidad climática de la Tierra que desde ahí lanzó el italiano Luca Parmitano, conectado con la cumbre del clima que se celebró en Madrid en 2019.

Ni todo ni siempre ha sido fácil, y entre sus momentos más trágicos anotó el accidente en 2003 del transbordador estadounidense Columbia cuando regresaba de la Estación, un suceso en el que murieron los siete tripulantes de la nave apenas unos minutos antes del aterrizaje en Cabo Cañaveral (Florida, Estados Unidos).

Un accidente que obligó a la NASA a interrumpir los vuelos tripulados y a las principales agencias espaciales del mundo a reprogramar el ritmo de construcción y de avituallamiento del complejo para evitar que aquel dramático suceso frustrara uno de los proyectos científicos y tecnológicos más importantes de la historia.

Rusia asumió entonces los vuelos tripulados a la Estación Espacial y se redujo además el número de habitantes que de forma permanente están en el complejo, que ha tenido que corregir en numerosas ocasiones su posición y su rumbo para, entre otras cosas, esquivar la colisión con otros objetos espaciales.

Ejemplo de colaboración (acumula ya numerosos reconocimientos y premios; entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, en 2001) la Estación Espacial Internacional ha abierto una puerta a la exploración espacial que probablemente ya nunca se cierre, a proyectos aún más ambiciosos que requerirán de nuevo la implicación de un gran número de países.

Y entre ellos se atisban ya la construcción de una base permanente en la Luna o el envío de una nave tripulada a Marte, y para ello ya se han hecho “pruebas” (el estadounidense Scott Kelly regresó a la Tierra en 2016 tras permanecer en la estación 340 días de forma continuada) para comprobar los efectos de la microgravedad en el cuerpo humano en una misión tan necesariamente larga como sería ir al planeta rojo.

 

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