Detrás del Anillo Periférico, en la parte más marginada del llamado “sur profundo” de Mérida, un refugio destinado a personas con enfermedades en etapa terminal subsiste en medio de muchas carencias.
Es el Centro de Promoción Humana Integral, atendido desde hace cinco años por la congregación de Misioneras de Cristo Resucitado, en la colonia Guadalupana. En un principio estuvo orientado a la atención de personas con VIH/sida, pero paulatinamente fue ampliando la asistencia a gente que padece otras enfermedades.
En la actualidad el centro atiende a 14 personas. En algún tiempo tuvo 20.
“Empezamos con más personas que ahora. Con la pandemia (de Covid-19) decidimos no aceptar más, porque las que están aquí son de condiciones vulnerables”, informa Isabel Anaya Blancas, una de las tres misioneras de Cristo Resucitado a cargo de ese lugar.
La religiosa explica que su congregación fomentó el albergue hace unos cinco años y en un principio orientaron la atención a personas con VIH/sida, que llegaban a ese sitio prácticamente en situación de calle, rechazadas por sus propios familiares.
Con el paso del tiempo se amplió el apoyo a personas con otros padecimientos. Es una atención integral, que incluye los aspectos médico y psicológico.
La madre Isabel Anaya dice que habitualmente son tres las misioneras de Cristo Resucitado que se encargan del centro de asistencia, con apoyo de voluntarios en los trabajos de limpieza y cocina, principalmente.
Sin embargo, una de las tres religiosas —Lourdes Zapata Oliva— tuvo que viajar a Chetumal, Q. Roo, por motivos familiares. Por ahora solo la entrevistada y la madre Rosa María Carmona Hurtado se encargan de dirigir el refugio, que desde 2017 tiene una capilla donada por el empresario Carlos Gómory Rivas.
Las tres religiosas desempeñan un papel importante en la atención médica de los enfermos, bajo el principio de que no basta la buena voluntad. Isabel y Rosa María son enfermeras y Lourdes es médica de profesión.
En visita de un reportero de este periódico al albergue, la madre Anaya Blancas también expone las dificultades a que se enfrentan en su labor, en medio de las necesidades, y la importancia social de un trabajo que se refleja en beneficios para la comunidad de los alrededores.
A continuación, una síntesis de los conceptos expresados en la entrevista:
—El refugio ofrece atención a cualquier persona en situación de calle, no necesariamente con alguna enfermedad en fase terminal.
—La ayuda psicológica es importante. A quienes padecen VIH/sida se les brinda esa atención en los hospitales, cada mes, pero al centro acude cada semana una psicóloga y tanatóloga para darles acompañamiento a las demás personas.
—En ocasiones atendemos a personas que tienen familia, pero en forma temporal. Es sano que las familias descansen, porque no es fácil atender un enfermo las 24 horas del día. Hay quienes nos han pedido apoyo, porque ya sienten desfallecer. Les decimos que ellos son responsables, les hacemos tomar conciencia de ello, pero también les decimos que entendemos su situación y aceptamos a su familiar enfermo durante un mes. En ese tiempo se despejan, tanto paciente como sus parientes, y cuando éstos regresan ya tienen otra actitud.
—También ayudamos a personas que convalecen en sus domicilios. Son gente a la que atiende su familia, pero ésta no tiene suficientes recursos. Les damos apoyo, como dotación de pañales.
—Todo genera un gasto. Se pagan los servicios de energía eléctrica, agua y otros, y los costos de mantenimiento son altos. Nos apoyan voluntarios en el aseo y la cocina, sobre todo, y obtenemos recursos con donativos en especie. Antes de la pandemia, algunos sacerdotes nos permitían ir a sus parroquias a exponer la situación y recibir ayuda.
—La ropa que nos donan nos sirve para hacer bazares, que son de beneficio para la gente de esta zona porque recibe las prendas a cambio de un pago mínimo, de uno o dos pesos, por ejemplo.
—Nuestras necesidades más apremiantes son:
1) Pañales para adultos. Todos los huéspedes los usan y hay que cambiarlos tres veces al día.
2) Colchones y camas clínicas. Las que tenemos son muy antiguas.
3) Medicamentos. Antes de viajar a Chetumal, la madre Lourdes ofrecía consultas una vez a la semana a gente de este rumbo, a la que también se donan medicamentos. Hay quienes vienen también para la aplicación de inyecciones y toma de temperatura y presión arterial.
4) Ropa y alimentos. Se requieren, sobre todo, ingredientes para la elaboración de la comida del día. Antes los obteníamos en la Central de Abasto, pero ya no vamos por la pandemia.
Los interesados en donar pueden llamar a los teléfonos 9999-69-79-44 y 9999-53-45-61. También pueden visitar el sitio web http://paipidgdl.org/?page_id=278, del Proyecto de Atención Integral a la Persona Inmunodeprimida, A.C.— ÁNGEL NOH ESTRADA
Albergue Más detalles
En la colonia Guadalupana está desde hace 5 años un albergue de enfermos en fase terminal.
Atención integral
El refugio está a cargo de las Misioneras de Cristo Resucitado y forma parte del Proyecto de Atención Integral a la Persona Inmunodeprimida (Paipid), A.C., que también tiene un centro en Cancún, Quintana Roo.
¿Cómo contactarlo?
Las misioneras necesitan ayuda para su trabajo. Los interesados en donar se pueden comunicar a los teléfonos 9999-69-79-44 y 9999-53-45-61 o escribir al correo paipidmerida@gmail.com.
Apoyo continuo
Entre los donantes más frecuentes está el párroco de San Sebastián, Lorenzo Mex Jiménez, quien cada semana lleva frutas, despensas, ropa y apoyos diversos.
