“En el nacimiento que pusiste en tu casa

PRESBÍTERO MANUEL CEBALLOS GARCÍA

¡Cuánta ternura!

¡Enorme misterio el de la encarnación del Hijo de Dios! Es el misterio central del Credo. Pero, requiere mucha fe y librarse de muchas imágenes falsas que se han hecho de Dios, de muchos prejuicios acerca de Dios. Porque Jesús es la Palabra de Dios encarnada, que existía en Dios desde siempre. En Jesús Dios asumió la condición humana y puso su habitación entre nosotros. Trajo la vida, la luz, la revelación de Dios. Sólo las tinieblas decidieron rechazar al Señor.

“En el principio era la Palabra”; esto es, cuando fueron creadas todas las cosas (Gn 1,1), ya existía la Palabra. La existencia eterna de la Palabra se expresa muy bien con el uso del verbo ser en forma intemporal: la Palabra “era”, esto es, venía siendo desde siempre. “Y la Palabra estaba junto a Dios”. El que ya era en el principio, era —estaba— con Dios. La existencia de la Palabra se describe como existencia personal. No se dice simplemente que ya era, sino que era en compañía de Dios.

En la Palabra está el origen de la vida, de toda vida, pero especialmente de aquella vida que Jesús vino a traer con abundancia para todas las personas. Jesucristo, por ser Él mismo la Palabra de Dios, nos da a conocer a Dios, a Dios Padre, y, “en esto consiste la vida eterna, en que te conozcan a Ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo”.

Esta encarnación de la Palabra es tan real y verdadera que san Juan afirma haber visto con sus propios ojos la “gloria del Unigénito del Padre”, haber tocado con sus manos la Palabra de vida. Porque el cristianismo no es una ideología, es la Verdad y la Vida que viene de Dios por Cristo para cuantos la reciben con la fe.

Los que creen en Cristo son los verdaderos Hijos de Dios, nacidos de Dios. Estos son los verdaderos hijos de Abraham, el “padre de los creyentes”. Jesús viene a traer la salvación y la liberación, desde su aceptación de la precariedad y pobreza que esclavizan a muchos humanos.

A todos quiere ayudar con la oferta de su redención. La “gloria de Dios” que ama y quiere salvar a todos, es la finalidad primera del nacimiento de Jesús. La gloria de Dios se va realizando en la historia humana. Dios ha querido acercarse todo lo posible al hombre, para que no se sienta o piense que es un ser olvidado de Dios. El hombre, la creatura, es el ser preferido del amor de Dios, que nos envía a su Hijo en figura y presencia humanas, en la pobreza y en el olvido de muchos.

Hoy es Navidad. Y la Navidad anuncia que no estamos solos, que una nueva historia es posible, que puede renacer la confianza, y que el esfuerzo de la buena gente no ha sido vano. Aunque la situación sea muy dura, en el nacimiento que pusiste en tu casa, hoy por la noche contempla cuánta ternura hay en los ojos del Niño Jesús…

 

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