Pide el Arzobispo aprovechar lo que dejó la pandemia
“A nadie se le ocurra maldecir al 2020, porque eso sería lo mismo que maldecir a Dios nuestro Señor”, expresó el arzobispo monseñor Gustavo Rodríguez Vega en la misa de fin de año que ofició anteanoche en Catedral.
El prelado resaltó que hay que agradecer al Señor que terminara el año con todas sus pruebas y sufrimientos, y pidió que “aprendamos las grandes lecciones que esta pandemia nos va dejado”.
Al iniciar la Eucaristía el Arzobispo de Yucatán se expresó primero en maya y luego en español a sacerdotes y feligreses presentes, y a quienes siguieron la transmisión por distintos medios de comunicación.
La liturgia “nos recuerda el día en que el Niño fue circuncidado y recibió el nombre de Jesús”. Además, en la fecha se conmemoran la fiesta de Santa María Madre de Dios y la 54a. Jornada Mundial de la Paz.
Recordó que la Iglesia celebra la noche de paz durante la octava de Navidad. “Nuestra oración en este día es para que se establezca la paz en el mundo y sea perdurable, se fundamente en la justicia y el amor a Dios y al prójimo”.
Para la Jornada, el Papa Francisco escribió el mensaje “La cultura del cuidado como camino de la paz”, un título estimulante para erradicar la cultura de la indiferencia, el rechazo y la confrontación.
El mensaje del Santo Padre no es solo para los católicos. “El Papa nos dice que el origen de nuestra vocación de cuidadores de la creación y de nuestro hermano se encuentra en el Dios creador. Jesús predicó y realizó este cuidado divino por medio de sus obras, que culminaron en la luz, invitándonos a seguir su ejemplo”.
Desde la primitiva comunidad cristiana hasta nuestros días, la Iglesia ha puesto en práctica las obras de misericordia, asumiendo la vocación de cuidar de los demás. “La Doctrina Social de la Iglesia es una excelente guía para custodiar la dignidad humana, con esta doctrina hemos podido entender que la paz, justicia y conservación de la creación son temas ligados que no podrán apartarse para ser tratados individualmente, so pena de caer en el reduccionismo”.
“El Sumo Pontífice invita a los responsables de las organizaciones internacionales y a los gobiernos, el sector económico y científico, la comunicación social, el sector social y las instituciones deportivas a tomar en mano la brújula de los principios anteriormente mencionados para dar al proceso de globalización un rumbo realmente humano”.
“Es necesario educar para que venga la nueva cultura del cuidado, y esta educación corresponde a las familias, a las escuelas y universidades, a las religiones y a los organismos internacionales”.
“No hay paz sin una cultura de cuidado basada en la dignidad de las personas y en los principios sociales”.
Al hablar del pasaje del Evangelio de San Lucas que se leyó en la misa, recordó la adoración de los pastores al Niño Dios y cómo aquéllos compartieron con José y María la luz que recibieron del Señor para guiar su camino.
Admitió que no es fácil entender todo lo que Dios hace en la vida de cada uno, “aprendamos de María a guardar todo lo que no entendemos para meditarlo en nuestro corazón; el tiempo con la gracia de Dios traerá la comprensión”.
El Arzobispo deseó un año hermoso, “en el que seamos constructores de paz en el nombre de Cristo y en el propio corazón, paz en las familias, en el espacio que ocupamos en la sociedad; iniciemos este nuevo año en el nombre de Dios”.— Iris Ceballos Alvarado
