Nada queda del Centro Escolar “Carrillo Puerto”
La historia del Centro Escolar “Felipe Carrillo Puerto”, y con ella la de los murales realizados en esas instalaciones por Miguel Tzab y Armando García Franchi, estuvo marcada desde su origen por la desventura.
El complejo educativo no fue la primera opción de obra pública para la antigua plazoleta de San Benito; antes se consideraron un parque y un mercado (lo que terminó siendo con los años). Cuando se decidió construir un edificio de enseñanza, desde el principio se afrontó la desventaja de la ubicación, a la que después se añadieron la desfavorable orientación de sus aulas, el mantenimiento deficiente y el crecimiento de la actividad comercial a su alrededor.
La primera piedra la colocó el gobernador Ernesto Novelo Torres el 1 de febrero de 1943. Se planeaba una inversión de $1.032,000, que terminó duplicándose en los dos años que duró la obra.
Las características del centro fueron descritas por Lorenzo González Reyes en el Diario con motivo de la inauguración, el 16 de septiembre de 1945: “Se trata de una vasta construcción de mampostería —tres pisos en la fachada, dos en el interior, o uno en ocasiones—, cortada para dar cabida a toda una población escolar, al tenor de las necesidades de las escuelas instaladas en la misma”.
“El costo total de la obra material es de $2.400,000, aunque se considera en fuentes autorizadas que esta cifra es algo conservadora”.
El mobiliario lo hicieron internos de la Penitenciaría Juárez. “Dirigieron la construcción los arquitectos Amábilis padre e hijo, y en el decorado se significaron los artistas locales Tzab y García Franchi”.
González Reyes aprovechaba las críticas de un maestro sobre la orientación de las aulas, de Sur a Norte en lugar de Oriente a Poniente “como lo exige nuestro clima”, para denunciar errores que darían problemas al proyecto.
“Si a este costoso edificio se le hubiera dado una orientación técnica, científica, más en consonancia con el objeto para el cual fue destinado; si en vez de construirlo precisamente en el lugar más inadecuado: en una plazoleta —cuya ubicación le resta prestancia desde varios puntos de vista—, en la parte más baja de la ciudad, por el Oriente, rodeada por las calles más tortuosas y estrechas de la misma, por lo que se inundan frecuentemente durante la temporada de aguas transformando el Centro Educacional (¿por qué no educativo?) en una verdadera isla (…), y si no estuviera a sus espaldas un mercado indecente, foco perenne de inmundicias y de malos olores, en vez de estar circundado de (…) jardines floridos y prados de esmeralda que alegren y levanten el espíritu de profesores y de alumnos, posiblemente se justificaría la erogación de los dos y medio millones de pesos que se dice fueron invertidos en la construcción”.
Veinticinco años después, el 19 de noviembre de 1970, Carlos Loret de Mola Mediz inauguró en calidad de gobernador las mejoras al centro escolar, que, de acuerdo con la crónica de este periódico, incluyeron el remozamiento y la pintura de paredes y techos y la colocación de cristales nuevos.
La restauración no impidió que solo dos meses después se volviesen a presentar problemas, lo suficientemente serios para evacuar a los alumnos de la secundaria “Eduardo Urzaiz Rodríguez” y la Normal “Rodolfo Menéndez de la Peña”.
Las autoridades trataron de justificar el surgimiento de grietas con el argumento de que en el remozamiento no se logró la “unión integral” del nuevo acabado con los morteros de sascab y cal con que se levantaron originalmente los muros principales.
Nada se dijo en esa ocasión de la desaparición de los murales de Miguel Tzab en las “mejoras”, en las cuales fueron raspados y borrados, como lo denunció el artista en enero de 1971.
El 16 de octubre de 1972 Loret de Mola ordenó la demolición inmediata de la sala de conciertos “José Jacinto Cuevas”, vecina del “Carrillo Puerto”. El reportero del Diario fue testigo de que el teatro “tiene aspectos deplorables: techos y cielo raso desfondados, paredes agrietadas, sillas destruidas, escenario con agujeros, olores ofensivos, etc., consecuencias de la incuria de las autoridades y los destrozos cometidos por estudiantes”. Según el gobernador, la medida contaba con el respaldo de usuarios y abastecedores del mercado, “que tendrán su nuevo e higiénico asiento a muy pocos pasos de ese antiguo edificio”.
“También es absolutamente inadecuada para escuelas la ubicación del Centro Escolar ‘Felipe Carrillo Puerto’”, añadió Loret de Mola. “Las autoridades piensan en la necesidad de dar nuevos locales adecuados a las otras entidades educativas que ocupan ese sitio, que sería más adecuado adaptarlo para artesanías, bazares y otras finalidades más acordes con la zona urbana en que se encuentra”.
La historia del centro educativo se cerró finalmente el 6 de diciembre de 1989, cuando, oponiéndose a la opinión de expertos en Arquitectura, el alcalde de Mérida, Tuffy Gáber Arjona, dispuso la demolición de las instalaciones remanentes, que para entonces ya eran el mercado “Felipe Carrillo Puerto”, mejor conocido como “Chetumalito”.— V.B.M.
De un vistazo
Sustituto
El terreno que ocupaba el Centro Escolar “Felipe Carrillo Puerto” no volvería a acoger una obra pública hasta 2003, cuando el Ayuntamiento, encabezado por Ana Rosa Payán Cervera, puso en marcha la construcción del mercado San Benito.
