Escena de una calle del barrio de Lavapiés donde está El Umbral de la Primavera

En el corazón de Madrid sobrevive al Covid una sala

MADRID (EFE).— Entre fuertes restricciones y medidas de seguridad por la pandemia de coronavirus, una sala de teatro independiente sobrevive en el corazón de Madrid para conectar la escena madrileña con los escenarios de toda Latinoamérica, principalmente de Argentina.

Es la sala El Umbral de la Primavera, que desde el multicultural barrio de Lavapiés organiza estos días el Ciclo de Teatro Cono Sur, del que ya lleva seis ediciones.

“El ciclo forma parte de una identidad de nuestro espacio, yo soy argentina, eso le da un valor de mucho afecto”, explica a EFE Viviana López Doynel, una de las impulsoras del proyecto y fundadora de El Umbral.

Las compañías invitadas este año proceden de Chile y Uruguay, además de Argentina. “Es muy importante que siendo la misma lengua podemos nutrirnos”. Por eso, el objetivo a largoplazo sería que compañías españolas también viajaran a América para “crear una circulación”.

Pese a que el coronavirus mantiene las salas de teatro cerradas en medio mundo, la capital española permite la celebración de eventos culturales siguiendo unas normas de restricciones de aforo y desinfección de espacios.

La pandemia “abrió una brecha enorme”, afirma la responsable de El Umbral de Primavera, poco después de recibir la noticia de que a la compañía uruguaya que tenía previsto representar la función “Yago”, uno de los platos fuertes de este sexto ciclo, le fue denegado el permiso para viajar a Madrid desde el Consulado de España, alegando que solo se aceptan viajes de artistas ligados al audiovisual.

Además, tuvieron que reinventarse y poner en marcha un escenario virtual con espectáculos. Esta idea “surge de la cantidad de compañías que estaba previsto que viajaran y que veían que la cosa iba a complicarse”, explica López Doynel.

Pero no solo las salas, también los actores y compañías teatrales tuvieron que adaptarse a la pandemia.

Paul Valmy, actor de “La Mata Hari“, reconoce que “es complicado: el público usa mascarillas y para los actores es molesto ver al público con las máscaras, porque no sabemos si se ríen o si les gusta o no”.

“Para nosotros el teatro es alegría, es jugar, y con todo esto sentimos que no estamos muy cerca de la gente”.

 

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