Con motivo de los 133 años del inicio de la construcción del Paseo de Montejo (de lo cual informamos el 5 de febrero pasado), Juan Sebastián Noria Miguel, estudiante de Licenciatura en Ciencias Ambientales en la Escuela Nacional de Estudios Superiores de la UNAM Mérida, nos comparte el siguiente texto de las transformaciones sociales y ambientales que recrean la historia de la simbólica avenida.
Más allá de las imponentes construcciones que reposan sobre el Paseo de Montejo, y de lo que a simple vista se puede observar, la icónica avenida de Mérida es testigo de cambios sociales y ambientales.
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Hay historias, relatos y crónicas de tiempos pasados que se esconden en sus casonas, en sus monumentos, en sus árboles e incluso en sus medios de transporte.

¡Bendito henequén!
La opulencia que proyecta el Paseo de Montejo es resultado sobre todo de fortunas derivadas de la producción de henequén, con la tierra y el trabajo local.

Oro verde
Costear una obra de tal dimensión como la es el Paseo de Montejo no se concretaría sin un agave -que los mayas siglos antes llamaron “ki”- que impulsó a la industria peninsular.

La explotación industrial del henequén convirtió a un puñado de empresarios en prominentes terratenientes, propietarios de grandes extensiones de tierra de lo que un día fue selva y monte.
Ironías de la vida
El Paseo de Montejo, ideado, imaginado y construido por la llamada Casta Divina como símbolo de poder y superioridad, se convirtió -ironías de la vida- en el lugar donde reposan los sueños revolucionarios de Felipe Carrillo Puerto.

Otra perspectiva
En la más importante vía de la capital yucateca se erigió en 1926 un obelisco en honor del extinto líder del Partido Socialista del Sureste y exgobernante del estado.
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En el siguiente trabajo el lector podrá encontrar éstos y otros relatos que profundizan en otras visiones de la historia del Paseo de Montejo. Deseamos que sea de su agrado.
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