Fernando López E.(*)
Hacia el año 339, Ambrosio nació en Tréveris, en el seno de una familia aristocrática. Tras la muerte prematura de su padre en el año 354 se trasladó a Roma en compañía de su madre y sus hermanos, donde recibió una esmerada educación humana y cristiana.
De acuerdo con un relato de Paulino de Milán, biógrafo de Ambrosio, cuando éste era un bebé, un enjambre de abejas se posó en su rostro mientras yacía en su cuna, dejando una gota de miel. Su padre lo consideró un signo de su futura elocuencia y lengua melosa.
Después de la temprana muerte de su padre, Ambrosio fue a Roma donde estudió literatura, derecho y retórica. Luego siguió los pasos de su padre y entró al servicio público.
El prefecto pretoriano Sexto Claudio primero le otorgó un lugar en el consejo y luego, aproximadamente en al año 372, lo convirtió en gobernador de Liguria y Emilia, con sede en Milán, ciudad que era desde 286 una de las capitales del Imperio Romano de Occidente.
En 374, el obispo de Milán, Auxentio, murió y los arrianos reclamaron el derecho a elegir a su sucesor. Ambrosio fue a la iglesia donde se realizarían las elecciones, para evitar un alboroto, lo cual era probable en esta crisis. Su discurso fue interrumpido por un clamor popular: “¡Ambrosio, obispo!”, el cual fue retomado por toda la asamblea.
Tras su nombramiento, Ambrosio huyó a la casa de un colega en busca de dónde esconderse.
Al recibir una carta del emperador Graciano alabando la conveniencia de que Roma nombrara individuos evidentemente dignos de posiciones santas, el anfitrión de Ambrosio lo entregó. En una semana fue bautizado, ordenado y debidamente consagrado Obispo de Milán.
A todo esto San Ambrosio no era más que un simple catecúmeno, fue bautizado y una semana después fue consagrado obispo el 7 de diciembre de 374.
Formación
Ambrosio estudió teología con Simpliciano, un presbítero de Roma, utilizando a su favor su excelente conocimiento del griego, que entonces era raro en Occidente; también estudió el Antiguo Testamento y autores griegos como Filón y Orígenes.
La rapidez con la que accedió al episcopado le llevó de inmediato a profundizar en su formación teológica. Como él mismo dijo: “Tuve que empezar a enseñar, antes de haber aprendido” (De off., I, 1, 4).
Con la ayuda de un sacerdote erudito llamado Simpliciano alcanzaría una excelente cualificación doctrinal, estudiando sistemáticamente la Biblia y a algunos padres de la Iglesia.
Además de toda su actividad política-religiosa antes descrita, San Ambrosio desarrolló una intensa labor pastoral. Todos los días celebraba la eucaristía y tenía sus ratos de oración personal, incluso durante la noche. De sus efectos saludables de estas predicaciones nos ha llegado el testimonio de San Agustín, que nos narró cómo los sermones catecumenales de San Ambrosio, con la interpretación alegórica del Antiguo Testamento, le ayudaron a resolver las dudas que el maniqueísmo había dejado en su alma.
A todo esto hay que añadir la atención a los penitentes, a los pobres y encarcelados, así como las gestiones para conseguir un posible indulto para los condenados a muerte. Asombra no poco que, además de este trabajo ingente, tuviera tiempo para escribir un considerable número de obras sobre temas pastorales y de espiritualidad, como la Exposición sobre el Evangelio de san Lucas, y un inspirado Himnario.
Murió el 4 de abril de 397 y sus restos fueron colocados en la tumba de los mártires Gervasio y Protasio, cumpliendo así el deseo de San Ambrosio.
Arquitecto.
