El fenómeno del Sol en el cenit se pudo apreciar de manera perfecta en la zona arqueológica de Chichén Itzá, donde ni la pirámide de Kukulcán ni los vestigios de las “mil columnas” tuvieron sombra alguna.
Esto ocurrió anteayer lunes (24 de mayo), cuando el Sol se posicionó justo en el centro de la bóveda celeste, “por encima de las cabezas”, de manera que ninguna persona, objeto o edificio tuvo sombra varios minutos.
Custodios de la zona arqueológica captaron fotografías en las que se observa el momento preciso del fenómeno del Sol en el cenit.
La pirámide de Kukulcán luce desde sus cuatro ángulos sin la más mínima sombra, e igual se observa en la zona de las “mil columnas”.
Así lo comparte el matemático y astrónomo Eddie Salazar Gamboa, quien da seguimiento a este tipo de acontecimientos.
Recuerda que el Sol en el cenit tiene un significado especial para las culturas ancestrales como la maya, pues era el marco para encender el fuego nuevo, aunque esto lo hacían en el mes de julio, cuando también se registra este fenómeno.
Detalla que dos veces al año se registra el Sol en el cenit, 28 días antes y 28 días después del solsticio de verano, que es el 21 de junio.
De manera que en julio se apagaba el fuego antiguo y se encendía el fuego nuevo, un acto lleno de simbolismo que se refleja también el hecho de que la pirámide de Kukulcán es bañada en su totalidad por la luz del Sol, es decir, ese día la divinidad, el Sol, irradia toda su luz sobre el edificio y lo llena de energía.
El investigador recuerda que Eratóstenes midió el diámetro de la Tierra teniendo como marco el Sol en el cenit, pues colocó una vara en Siena, que por su declinación generó un ángulo de sombra, y otra en Alejandría, ubicada a 800 kilómetros, donde no había sombra.
Por medio de la distancia entre las dos ciudades y el ángulo de sombra de 7.2 grados de inclinación que registró en Siena, obtuvo la cantidad de kilómetros por grado, 111.11 km, los cuales multiplicó por 360, tiempo de evolución de la Tierra, para obtener el diámetro.
El cálculo le dio 40,000 kilómetros, hace más de dos milenios, y hoy se sabe que la longitud exacta de la Tierra es de 40,008 kilómetros, es decir tuvo un margen de error de .02%.— IRIS MARGARITA CEBALLOS ALVARADO
