Presbítero Manuel Ceballos García

Recibimos el siguiente texto del padre Manuel Ceballos García:

La historia es maestra de la vida y los protagonistas son personas de carne y hueso, con sus propias fortalezas y debilidades, simpatías y virtudes. En el caso del cuerpo colegiado de la Catedral de Mérida, hoy expreso mi particular gratitud a tantos sacerdotes que gastaron los últimos años de su vida como canónigos: a Manuel Loría Rosado, Macario Palma Coral, Fernando Ávila Álvarez, José Jesús López Ortega, José María Casares Ponce, Arturo Arias Luján, Ramiro Canto Solís, José Ariosto Gamboa Lugo, Jaime Domínguez Rivero, Alfonso Roca Lara, Francisco Montañez Jure, Francisco O’Horán Pech, Alonso Ojeda Rosado, Antonio Flores Cervera y Carlos Heredia Cervera, sólo por citar algunos nombres.

¿Por qué los recuerdo este día? Porque junto con los sacerdotes Gilberto Pérez Ceh, Pedro Novelo López, Jesús Ceballos Solís y un servidor, hemos sido nombrados canónigos de la Catedral por el arzobispo Gustavo Rodríguez Vega, en lugar de los padres Alberto Castillo Aguilar, Juan Castro Lara, Manuel Vargas Góngora, Elpidio González Sosa y Sebastián Castro Lara, a quienes desde ahora se les considerará “canónigos eméritos”. ¡Gracias, padres Alberto, Manuel, Elpidio y los hermanos Juan y Sebastián, por tantos años entregados al servicio de la Catedral! ¡Son un ejemplo y se agradece!

Un Cabildo Catedralicio de canónigos es un colegio de sacerdotes al que corresponde celebrar las funciones litúrgicas más solemnes en la iglesia Catedral. El origen de los cabildos de canónigos se remonta a los siglos IV-V, pero el Concilio Vaticano II sentó las bases de una renovación de los cabildos para que se acomodaran a las necesidades actuales; así, las tareas que tenían encomendadas los cabildos catedralicios, pasaron al Colegio de Consultores elegidos entre los miembros del Consejo Presbiteral.

Hoy la Catedral nos recibe y no sabemos qué nos depare el futuro próximo; pero tenemos el claro ejemplo de los canónigos que nos antecedieron con su conducta virtuosa y abnegada. Que san José, protector nuestro, nos anime y colme nuestro corazón de generosidad.

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