Reflexiones del diario vivir
Yeny Canché Canul(*)
Muchas veces, consciente o inconscientemente permitimos que nuestra paz sea arrebatada y cuando esto sucede todo en nosotros vive fuera de control: pensamientos, sentimientos, emociones y alma.
Las diferentes situaciones que vivimos o a las que nos enfrentamos día a día pueden provocar que algo tan esencial y valioso para nuestra alma sea afectada: la paz interior.
Sé que no podemos evitar vivir momentos muy difíciles, como la pérdida de un ser amado, ver que el negocio no va bien, problemas en casa, carencias económicas o desempleo, pero quiero compartirles que existe una manera para que, a pesar de cualquier adversidad, nuestra paz permanezca y ésta es dejando toda situación en las manos de Dios.
En este mundo afrontaremos aflicciones pero Dios nunca nos abandona cuando recurrimos a Él y reconocemos que nada ni nadie podría ayudarnos como Él lo hace.
Dios nos da su paz, no como la paz que da este mundo, que es efímera, donde si todo va bien entonces tenemos paz, pero cuando las cosas van mal nuestra paz se pierde. ¡No! La paz de Dios es eterna, una paz que no dependerá de nada material, ni de nadie, más que de aquél que tiene la capacidad y el poder absoluto de llenar nuestra alma y vida de tranquilidad, calma, reposo, enseñándonos a no angustiarnos ni inquietarnos por nada.
El ser humano debe aprender a confrontar lo que roba su paz interior y para lograrlo es necesario que cada vez que pasemos por una situación adversa o que pueda interferir en nuestra paz, nos acerquemos a Dios en oración para presentarle todas nuestras peticiones, quebrantos y angustias. Al hacerlo llegará a nosotros la paz que sobrepasa todo entendimiento y Dios cuidará de nuestros corazones y pensamientos en toda circunstancia.
Fundadora de Sublime Amor.
