Foto del 1 de octubre de 2021

Japoneses temen que en invierno suban contagios

TOKIO (AP).— Casi de un día para otro, Japón se convirtió en una llamativa —y en cierto modo misteriosa— historia de éxito en la lucha contra el coronavirus.

Los nuevos contagios de Covid-19 se desplomaron, desde el pico de casi 6,000 diarios en Tokio a mediados de agosto a cifras diarias por debajo de los 100 en la populosa capital, los datos más bajos en 11 meses.

Los bares están llenos, los trenes abarrotados y el ánimo es de celebración, pese a la intriga generalizada sobre lo que causó exactamente el brusco descenso.

A diferencia de otros países en Europa y Asia, Japón no impuso una cuarentena estricta, solo una serie de declaraciones de emergencia relativamente suaves.

Entre los posibles factores están una campaña de vacunación que comenzó tarde pero ganó mucha velocidad, el hecho de que muchas zonas de ocio nocturno se vaciaron por temor a los contagios durante el pico del verano, la extendida costumbre de utilizar mascarillas antes de la pandemia y el mal tiempo a finales de agosto, que hizo que mucha gente decidiera quedarse en casa.

Pero la efectividad de la vacuna se reduce de forma gradual y con la cercanía del invierno los expertos temen que, sin saber exactamente por qué cayeron los contagios de forma tan brusca, Japón pueda sufrir otra ola como la del verano, cuando los casos graves desbordaban los hospitales y las muertes se disparaban, aunque con cifras más bajas que antes de que iniciaran las vacunaciones.

Campañas exitosas

Muchos atribuyen el mérito a la campaña de vacunación, especialmente entre los jóvenes. Casi el 70% de la población ya completó el esquema de inmunización.

“Las rápidas e intensivas vacunaciones en Japón entre los menores de 64 años podrían haber creado una situación temporal similar a la inmunidad de rebaño”, afirmó el doctor Kazuhiro Tateda, profesor de Virología de la Universidad de Toho.

Tateda señaló que la tasa de vacunación creció entre julio y septiembre, justo cuando la más contagiosa variante delta se expandía con rapidez.

Sin embargo, advirtió que las infecciones posvacuna en Estados Unidos, Gran Bretaña y otros lugares donde las inyecciones comenzaron meses antes que en Japón muestran que los biológicos por sí solos no son una protección perfecta, y que su efectividad se reduce de forma gradual.

Japón inició las vacunaciones a mediados de febrero, con los trabajadores sanitarios y ancianos en primer lugar. La falta de vacunas importadas impidió que la campaña ganara velocidad hasta finales de mayo, cuando se estabilizó el suministro y aumentaron los objetivos de dosis diarias a más de un millón para maximizar la protección antes de los Juegos Olímpicos, celebrados entre el 23 de julio y el 8 de agosto.

El número de dosis administradas al día llegó a 1.5 millones en julio, lo que subió la tasa de vacunación desde el 15% de principios de julio a 65% a finales de octubre, por encima del 57% de Estados Unidos.

Los contagios nuevos volvieron a subir unas semanas antes de los Juegos, lo que obligó a Japón a celebrar la cita olímpica con más de 5,000 casos en Tokio y unos 20,000 en todo el país a principios de agosto.

Tokio reportó 40 casos el domingo pasado, el noveno día seguido por debajo de 100 y la cifra más baja del año. En todo el país, Japón reportó 429 nuevas infecciones el domingo, para un total acumulado de 1.71 millones y 18,000 muertes desde el inicio de la pandemia a principios del año pasado.

De modo que, ¿a qué se debe la caída?

“Es una pregunta difícil, y tenemos que considerar el efecto del progreso de las vacunaciones, que es extremadamente grande”, dijo el director del Centro de Control y Prevención de Enfermedades, Norio Ohmagari. “Al mismo tiempo, la gente que se reúne en entornos de alto riesgo, como lugares abarrotados y menos ventilados, podría haberse infectado y haber adquirido una inmunidad natural”.

Datos del gobierno metropolitano de Tokio indicaban que la tasa de positivos bajó del 25% a finales de agosto al 1% a mediados de octubre, mientras que el número de pruebas diagnósticas se redujo en un tercio.

Masataka Inokuchi, subdirector de la Asociación Médica de Tokio, afirmó que la caída en las tasas de positividad muestra que las infecciones perdieron velocidad.

Las medidas del estado de emergencia en Japón no eran cuarentenas, sino solicitudes centradas principalmente en bares y restaurantes, a los que se pidió que cerrasen temprano y no sirvieran alcohol. Muchas personas seguían haciendo trayectos diarios en trenes abarrotados y asistían a eventos deportivos y culturales en estadios con algunas medidas de distanciamiento social.

Las recomendaciones de emergencia se retiraron y el gobierno amplía de forma gradual la actividad social y económica, además de permitir torneos deportivos y viajes en grupo a modo de prueba, con certificados de vacunación y más pruebas diagnósticas.

El exprimer ministro Yoshihide Suga, quien dejó el cargo hace poco, aceleró la campaña de vacunación ampliando el número de trabajadores sanitarios autorizados a administrar las inyecciones, abrió grandes centros de vacunación y fomentó las vacunaciones en centros de trabajo desde finales de junio.

Las vacunaciones ayudaron a que 650,000 personas no se infectaran y salvó más de 7,200 vidas entre marzo y septiembre, según manifestó Masataka Inokuchi, profesor de la Universidad de Kioto Hiroshi Nishiura en una reunión reciente del comité asesor del gobierno.

Al principio muchos expertos culparon de los contagios a los jóvenes, a los que se veía bebiendo en la calle y en parques cuando cerraban los bares. Sin embargo, los datos mostraban que muchas personas de 40 y 50 años también frecuentaban los distritos de ocio nocturno. La mayoría de casos graves y muertes fue entre personas sin vacunar en la cincuentena o más jóvenes.

Takaji Wakita, director del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas, admitió recientemente que teme por la gente ya volvió salir y señaló que el descenso en los contagios podría haber tocado fondo.

“En adelante, es importante que sigamos reduciendo el número de pacientes en caso de un futuro repunte de los contagios”.

El nuevo primer ministro, Fumio Kishida, advirtió que el plan de preparación de noviembre incluirá límites más duros en algunas actividades y requerirá que los hospitales proporcionen más camas y personal para tratar el Covid-19 en caso de que las infecciones crezcan hasta “la peor situación posible”.

Al margen de las cifras, mucha gente tiene reparos a bajar la guardia.

El empleo de mascarillas “se volvió muy normal”, indicó la universitaria Mizuki Kawano. “Aún estoy preocupada por el virus”.

“No quiero acercame a los que no llevan mascarillas”, expresó por su parte su amiga Alice Kawaguchi.

Los expertos en salud pública quieren una investigación en profundidad sobre las razones por las que cayeron los contagios.

Un análisis de datos de GPS mostró que el movimiento de personas en zonas destacadas de ocio nocturno cayó durante el último estado de emergencia, que terminó el 30 de septiembre.

“Creo que el descenso de personas que visitaban zonas de ocio, junto con el progreso de la vacunación, han contribuido al declive de infecciones”, afirmó Atsushi Nishida, director del Centro de Investigación de Ciencias de la Medicina y Ciencias Sociales en el Instituto Metropolitano de Tokio de Ciencias Médicas.

Sin embargo, la gente regresó a los distritos de ocio en cuanto terminó el estado de emergencia y eso podría “afectar a la situación de las infecciones en las próximas semanas”.

 

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