CIUDAD DE MÉXICO.- Las brujas han habitado las historias de espanto, y aunque podría pensarse que es parte de los relatos de Europa, también figuran en la narrativa mexicana. Estas son cinco brujas que forman parte de las leyendas de México.

La historia de la Nahuala y su origen en Puebla

En la ciudad de Puebla han surgido leyendas en los interiores de aquellos edificios centenarios cuyas fachadas están decoradas con talavera. Ese es el caso de la Casa del Alfeñique en el centro histórico de la “Ciudad de los Ángeles”, pues se dice que en esa casona habitó la Nahuala, una mujer que se podía transformar en el animal a su antojo.

La leyenda de la Nahuala cuenta que en el terreno donde posteriormente se construyó la Casa del Alfeñique, en el centro histórico de Puebla, vivía una anciana que practicaba brujería, y que se podía transformaba en animales. La Nahuala robaba el alma de los niños para sumar años a su vida, pero cuando la gente del pueblo ocultó a los pequeños, impidiendo su deseo de ser inmortal, juró venganza.

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Cuentan que, si te acercas a esta casa durante la noche, el espíritu de la Nahuala se llevará tu alma. Incluso hay quienes aseguran haber escuchado sus gritos siniestros.

Las brujas de Huichapan en Hidalgo

Huichapan es un Pueblo Mágico del estado de Hidalgo, pero también es el lugar en el que -se dice- habitaron varias mujeres dedicadas a aquelarres y rituales. En el día puedes encontrar a muchas mujeres caminando por las calles. Lucen normales, como cualquier humano. Sin embargo, cuando las estrellas salen en el cerro de Coatépetl algo siniestro pasa.

Dicen que en las noches aún se practica magia negra en ese cerro, sobre todo a la luz de la luna. Se sacan los ojos, se cortan las piernas y brazos a manera de ofrenda. Muchas adoptan forma de guajolote en las noches, pero con el primer rayo del sol, dejan su piel y vuelven a convertirse en mujeres.

A muchos, ni se les ocurre pronunciar la palabra “bruja” los viernes y, de manera extraña, hay quienes protegen las entradas de sus casas con sal de grano o tijeras abiertas para que las brujas no se roben a los niños.

Antes de la pandemia, en este misterioso lugar, el gobierno municipal promovía un tour “miedo y misterio” para conocer más a fondo las leyendas de brujas.

Las brujas de Los Dinamos en Ciudad de México

El Parque Nacional los Dinamos, al sur de la CDMX, además de ser un lugar ideal para conectar con la naturaleza con senderos naturales, el Río Magdalena y las cascadas que se forman a su alrededor; también alberga la leyenda de brujas que acechan a su próxima víctima.

Los cerros de Los Dinamos han sido perfectos escenarios de leyendas que involucran magia negra, brujas, por supuesto, y ocultismo. En especial, en las noches de luna llena, tiempo en el que los lugareños -aseguran- si andas solo en la madrugada por ahí y volteas al cielo, alcanzarás a ver unas brillantes bolas de fuego que caen detrás de las montañas.

Según los habitantes más longevos de Los Dinamos y zonas aledañas, son las brujas que han salido a iniciar sus ritos, a buscar recién nacidos para robárselos y, así, nunca envejecer.

La leyenda de la mulata de Córdoba (Veracruz)

Corría el año de 1618, en la ciudad de Córdoba (Veracruz), donde una hermosa mujer cautivaba a hombres con su belleza. Nadie sabía su origen: ¿dónde vivía? o ¿en qué lugar nació? Eran algunas de las preguntas que se hacían.

Le apodaban la Mulata de Córdoba, y se ganó el ser acusada de “bruja” por su habilidad de predecir temblores, eclipses y enfermedades, que podía curar con herbolaria. Incluso se corrió el rumor de que la Mulata de Córdoba tenía un pacto con el diablo, y, por eso, la Santa Inquisición la encarceló.

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Pero una noche, un carcelero le llevó un pedazo de carbón a petición de la mujer, quien dibujó un barco en uno de los muros de la prisión. Ante los ojos del hombre, la Mulata de Córdoba saltó al barco trazado con carbón y se cuenta que desapareció para siempre.

A la mañana siguiente, cuando los demás vigilantes llegaron a la cárcel, encontraron al carcelero al borde de la locura. La cárcel donde la encerraron es ahora el antiguo Fuerte de San Juan de Ulúa.

La historia de la bruja de Aculco en el Estado de México

En el Estado de México, en el municipio de Aculco, el frío cala los huesos. Entre cascadas, peñas, ríos y calles empedradas donde se construyeron casas de cantera blanca pasan sucesos escalofriantes.

Uno de ellos pregona que hay espíritus que no quieren dejar Aculco y almas encerradas en los árboles. El relato más popular es protagonizado por una mujer de piel trigueña y pelo negro que, a pesar de su belleza, nadie se le acercaba, pues sentían que había algo raro en ella.

Se dice que la mujer practicaba magia negra y, aunque su deseo era ser madre, debido a que nadie se acercaba a ella decidió convocar entes malignos para concederle su deseo. Sin embargo, lo único que creció en ella fue el odio. Un día, desesperada, hizo un trato con el diablo y, al poco tiempo, comenzaron a desaparecer niños en el pueblo.

La gente confrontó a la mujer, pero lo único que vieron fue un enorme árbol en medio de la casa de ella. Para su sorpresa, el árbol resultó ser la propia bruja, que tenía aprisionado el alma de los niños desaparecidos. Los habitantes del pueblo empezaron a machetear el árbol, pero una voz macabra confesó lo ocurrido.

Desde entonces, el árbol permanece intacto. No falta quien cuente que, si cortas un pedazo del tronco, saldrá una savia blanca y luego de unos minutos se tornará roja como la sangre. Se dice que todavía se escuchan a los niños gritando.

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