“La sorpresa sádica del año” dice Mikel Zorrilla de la serie coreana “El juego del calamar” de Netflix que, con un costo de 26 millones y fracción ha recolectado ya en estos momentos a poco de mes y medio de su estreno más de 890 millones de dólares.
La verdad es que se ha convertido en todo un fenómeno popular. Es el primer drama de Netflix de Corea del Sur que ha alcanzado estos niveles de éxito en el mundo entero, despertado un interés 79 veces mayor que un programa medio. Es un “boom” internacional”.
La explícita brutalidad y violencia que es presentada en la serie de nueve episodios no apta para menores de 18 años tiene la advertencia de todo lo que uno podrá seguir encontrando en cada capítulo, y aún así se ha convertido en un fenómeno fuera de lo común.
La crítica social expresada por su autor, escritor y director Hwang Dong-hyuk lanza un grito de alarma sobre dos extremos que se tocan: la excesiva riqueza y la insufrible e inhumana pobreza. Con un punto en común: tanto el que tiene en demasía como el que carece de todo, se siente hastiado y cansado de la vida. Unos porque lo tienen todo otros porque no tienen nada y es este tedio y cansancio de la existencia el que los lleva a tomar medidas desesperadas. Los ricos para no aburrirse y los pobres para escoger morir a continuar en sus desgraciadas vidas.
El guion es sencillo y sin pretensiones, y al principio, en el primer episodio podría parecer poco atractiva o lenta, porque el estilo de los actores coreanos no es muy acorde al tipo de presencia actoral al que estamos acostumbrados: norteamericana, europea, mexicana.
A Hwang le costó bastante tiempo conseguir a alguien interesado en apoyar su película (más de 10 años).
El juego del calamar que da nombre a la serie es uno de esos entretenimientos infantiles, muy famoso en Corea del Sur y al que el cineasta jugaba cuando era pequeño.
El esquema es simple: 456 personas en extrema necesidad. Pero alguien que no conoces te vigila y te escoge porque sabe la crisis económica y existencial por la que atraviesas: has cometido fraude millonario, te busca la policía e irás a dar a la cárcel; traicionaste a tus socios narcos y te buscan para matarte; eres inmigrante china y atraparon a tu madre, mataron a tu padre y tu hermano menor está en un hospicio; perderás a tu familia por vago, vicioso y ladrón; estás viejo y enfermo y no tienes a alguien en el mundo a quien le importes.
¿Que harías en este caso? ¿Puedes juzgar a quien se arriesga a todo y viola todos los códigos sagrados de la vida, la decencia, la amistad y el amor porque no conoce ni ha conocido otra cosa? ¿Y justamente lo hace por salvarse o salvar a los suyos de una desgracia mayor? ¿Has estado en sus zapatos? El premio millonario (así lo creen) salvará sus vidas y las de los que los rodean. Mas habrá que ver el final. Y el precio a pagar. La vida y sus consecuencias. Siempre las consecuencias.
¿Pueden resistirse a la tentación? Lo intentan, pero la necesidad obliga. Y regresan. De todas maneras al aceptar, ya todo se vuelve inútil, porque cuando se dan cuenta que son sus vidas las que están en juego ya no hay nada que hacer. La decisión está tomada. Tuvieron la oportunidad de salirse del juego y no la hicieron valer. Como en la vida real.
La serie goza de un especial esteticismo visual que la mantiene en un grado de fuerte violencia sin caer en el mal gusto, a pesar de la constante acumulación de cadáveres. La tensión se vuelve por momentos insoportable debido a la excelente coordinación del movimiento y los tiempos porque está dirigida en forma impecable.
Emoción, suspenso, excelente ambientación, extraña e infantil y mejores actores. Y una realidad insoslayable. Pobres y ricos. Necesidad y exceso. Dolor y burla. Traición y muerte. ¿Cuando ha sido diferente? Conocemos el estilo “gore”, mucha muerte y poca sangre tomado del “anime” y que casi convierte la violencia en intrascendente. No es nuevo. Dong-hyuk hace una buena jugada al entramar la crítica social con la violencia porque le da un giro que la hace interesante y distinta.
Utiliza los “cliffhangers” sin abusar de ellos al presentar a los personajes en una situación de peligro, y ante un gran dilema moral, aumentando la ya de por sí gran tensión narrativa existente.
El guionista coreano afirma: “quería escribir una historia que fuera una alegoría o una fábula sobre la sociedad capitalista moderna, algo que representa una competición extrema, algo así como la competencia extrema de la vida”.
Pese a algunas críticas moralistas que ignoran el paralelismo de la serie con la vida de hoy, no cabe la más mínima duda de que su esfuerzo fue tan fructífero y tan grande que se ha convertido en un éxito mundial.
Abogada y escritora. maica482003@yahoo.com .mx
