“El silencio que abrasa” o el duelo que no hicimos
La primera frase que dice Ariadna Medina en “El silencio que abrasa” es capaz de destruir de golpe toda la felicidad del mundo: “Cuando mi mamá murió”.
Ariadna sola, indefensa en su pérdida, cuenta en este monólogo cómo su mamá murió de cáncer hace 14 años y todavía no lo supera. El duelo quedó pendiente. Éste es su duelo.
Y es que no hay tiempo para despedirse y hacer las paces consigo mismo o para perdonar. Cuando un ser querido muere —los que sabemos de pérdidas y de cánceres lo hemos padecido, y ahora lo saben los que perdieron a alguien durante la pandemia— todo son trámites y gastos y después la vida sigue: el trabajo, la escuela, las deudas, los hijos, la pareja… todo parece impedirnos hacer duelo y todo parece una serie de decisiones qué tomar, desde si enterrar o cremar al muerto hasta qué hacer con sus objetos personales. Ariadna confirmó este procrastrinar: todavía conserva dos bolsas con la ropa de su madre, cerradas, porque no se atreve a abrirlas.
Cada quien afronta las pérdidas de manera diferente y las carga con nostalgia y una alegría gris que no es del todo alegría. Cuando uno deja de llorar y recuerda aquellos años felices con su ser querido, todos esos momentos, que en el caso de Ariadna están llenos de arena y caracoles, tienen grietas y sonrisas a medias.
Ariadna sola, desvalida, con la voz quebrada y las lágrimas escurriendo por sus mejillas no era en ese momento una actriz, era una hija, una hermana, una madre, una mujer como cualquier otra que sufre, era Ariadna compartiendo su duelo, su álbum familiar, el alcoholismo de su padre… algo tan personal, tan íntimo, que a pesar de conocerla no podía evitar sentirme un poco incómoda. ¿Debería ser testigo de su duelo? ¿Debería quedarme escuchando sin poder abrazarla, sin decirle que yo también he sentido el silencio que abrasa y que cada vez que pienso en él lloro como la huérfana que soy, como la huérfana que todavía no termino de ser?
¿Debería decirle que la gente normal huye del dolor y que prefiere divertirse viendo la televisión o alguna comedia o teatro musical? ¿Debería decirle que tenía ganas de irme mientras ella lloraba, pero que me quedé porque me gustaron los caracoles y ese montaje tan cuidado donde lo audiviosual juega un papel tan importante, donde la instalación acompaña la escena y le da sentido a las anécdotas?
Ariadna siendo Ariadna es todavía más difícil que Ariadna siendo actriz (en ese momento era las dos cosas a la vez pero el carácter mismo de la obra dificulta diferenciarlas) porque su brutal honestidad nos deja indefensos también.
No puedo hacer una crítica, ni una crónica ni una mínima reseña del dolor, porque el dolor es más grande que cualquier género y en primera persona es casi intocable. Lo único que queda es responder con la misma honestidad que ella, decir que es casi insoportable el dolor ajeno porque nos recuerda la muerte que fuimos y el duelo que postergamos, y digo “casi insoportable” porque en algún punto, en la puesta en escena se rompe la tensión con alguna imagen o una canción, o la voz de Juan de Dios Rath en esos pasajes sobre el canto de las sirenas, en ese diseño maravilloso y las cámaras que nos ofrecen diferentes perspectivas de las acciones.
Todo remite a la muerte, al silencio, al suicidio, un tema recurrente de Murmurante Teatro, en este caso a través de un fragmento histórico sobre los yaquis esclavizados en Yucatán que preferían ahogarse que sufrir, y hace un guiño a la eutanasia cuando se menciona que la mamá de Ariadna ni siquiera pudo elegir cuándo morirse, tener una muerte digna, sin dolor, una muerte que es difícil de decidir para todos.
Y es que en algún momento a algunas familias les toca elegir si prolongar la vida de un ser querido o seguir luchando a costa de su padecer. Creo que a todos nos da miedo siquiera imaginar ese momento, usted y yo añoramos morir durmiendo, en paz, y de repente.
Es de admirarse la entereza de Ariadna Medina para presentar este monólogo, en el que interviene desde la creación y la dramaturgia. Ariadna, en su individualidad, en su “desnudez”, nos recuerda que “un hombre es todos los hombres”, como decía Borges, o una mujer, o lo que usted quiera.
Las próximas funciones son el 17 y 18 de noviembre en la sede de Murmurante Teatro, ubicado en la calle 9 número 71 entre 18 y avenida 20, México Norte. El cupo es limitado y se respeta la sana distancia entre butacas.— Patricia Garma Montes de Oca
“El silencio que abrasa” Créditos
La dirección escénica es de Ariadna Medina y Juan de Dios Rath, quien también es la voz.
Producción ejecutiva y artística
Ariadna Medina
Creación
Ariadna Medina, Juan De Dios Rath, Josué Abraham y Rogelio Vargas.
Dramaturgia
Ariadna Medina, Juan de Dios Rath y Noé Morales sobre textos de Ariadna Medina y Murmurante.
Actuación
Ariadna Medina.
Diseño de multimedia
Josué Abraham.
Diseño de materiales visuales
David Avilés.
Diseño del dispositivo escénico
Ariadna Medina y Josué Abraham.
Música original
Rogelio Vargas.
Diseño de iluminación
Juan de Dios Rath.
Técnico audiovisual y multimedia
Amaury Alonzo.
Asistente de producción y logística
María José Pool Castellanos.
Gestión
Eréndira Aguirre.
Diseño gráfico
José Luis Alanís.
Redes y medios
Cristina Trujillo.
