Reflexiones del diario vivir

Yeny Canché C. (*)

Mentir debería ser un acto que no existiese en la vida de las personas, pues no solo lastima la vida de los demás, sino que también destruye familias, amistades, relaciones personales, laborales y de pareja; en fin, es un acto capaz de destruir lo más valioso que tenemos.

Pero no solo termina haciendo daño a otros, sino también nos hace daño a nosotros mismos, pues quien miente, al ver lo que esa mentira causó, termina arrepintiéndose; sin embargo, es tarde una vez que se ha mentido a una persona sobre algo o alguien.

Así que en este día quiero decirte que, aunque la vida te diga que no pasa nada con una mentira “piadosa”, no hay mentiras pequeñas y que una mentira, como sea que la veamos, pequeña o grande, causa el mismo dolor y destrucción. Al final, cuando una persona miente no importan las formas o maneras en que se haya dado, terminará siendo vista como alguien de poca confianza.

Nunca permitan que, por cualquier motivo, otra persona les convenza de mentir, nada justifica que tengamos que recurrir a una mentira, y quien les trate de convencer de que no pasa nada tiene una falta de valores en su vida, no le importa nada, ni las consecuencias de actuar así, ni perjudicarte a ti, ni a lo que te rodea. No sean blanco de quien quiera convencerles de perder sus valores ni sus principios, defiéndanlos como lo más valioso que tienen y no sean ustedes como ellos, que quizá su misma vida es una mentira.

Dios mismo nos dice que si queremos amar la vida y gozar de días felices debemos refrenar nuestra lengua de hablar mentiras o engaños, y que debemos apartarnos del mal, hacer el bien y que debemos pedirle a Él que nos libre de las personas mentirosas que nos puedan envolver en sus actos. Dios no ama la mentira, por ello debemos evitarlo a toda costa; no pierdan cosas realmente valiosas a causa del acto más destructivo: la mentira.

Fundadora de Sublime Amor.

 

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