WASHINGTON (AP).— Adaptarse a un nuevo hogar puede ser difícil para cualquiera. Por esa razón los científicos han echado mano de algunos trucos a fin de que los búhos de madriguera que son reubicados sientan que no están solos en su nueva morada: reproducen sus cantos y distribuyen heces falsas.

Las praderas en las que viven los búhos son codiciadas en el mundo de las bienes raíces y estas pequeñas aves han perdido terreno frente al desarrollo en regiones de rápido crecimiento urbano como Silicon Valley y el sur de California.

Aunque los biólogos han intentado trasladar a los búhos a praderas protegidas, es difícil que las aves acepten sus nuevos hogares. Intentos previos demostraron que no bastaba con dejarlos en un hábitat privilegiado.

Como parte de un programa piloto, científicos se esforzaron por dar la impresión de que ya había búhos en esa zona para que se quedaran. Y funcionó.??

“Les gusta estar en grupos, vivir cerca de otros búhos”, dice Colleen Wisinski, bióloga de conservación de la Alianza para la Vida Silvestre del Zoológico de San Diego, que puso en marcha el experimento con el Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos.

Los científicos reprodujeron grabaciones del canto de los búhos antes y después de liberar a los ejemplares recién llegados en cuatro puntos del sur de California.

Wisinski utilizó una jeringa para repartir heces falsas, en realidad pintura blanca.

Protección limitada

Los búhos de madriguera, también conocidos como tecolotes llaneros, son una especie protegida por las leyes federales, que prohíben matarlos, aunque no resguardan su hábitat. Por lo general se les expulsa de sus madrigueras antes de que se construyan edificios.

“Si después de ser desalojados no tienen adónde ir, básicamente es una sentencia de muerte”, afirma Lynne Trulio, ecóloga de la Universidad Estatal de San José que lleva tres décadas estudiado a los búhos de madriguera y quien no participó en el estudio.

Para su experimento los científicos trasladaron 47 búhos de madriguera en 2017 y 2018. A 20 se les colocaron dispositivos GPS para seguir sus movimientos y los expertos volvieron a los lugares para comprobar su estado.

La mayoría se instaló con éxito en sus nuevos hogares y estableció comunidades para reproducirse. En el sitio principal, la Reserva Ecológica de Rancho Jamul, en el suroeste de San Diego, hubo 50 polluelos en 2020.

Los investigadores también hicieron un seguimiento de los búhos que se quedaron solos para encontrar nuevos hogares. A esos búhos no les fue tan bien.