¿Qué hacen de extraordinario?

En la “lógica” de san Lucas, el amor es consecuencia de la aparición, con Jesús, del amor soberano de Dios que desenmascara el sistema religioso-moral puesto en práctica por los escribas y fariseos.

Este amor soberano de Dios se presenta como Gracia y, por lo tanto, como expresión de su amor. Las consecuencias de la relación de Dios con cada uno se traducen en un comportamiento semejante con los demás. Pero no es un amor de reciprocidad, sino como tarea de buscar siempre el bien del otro, pues así es el amor manifestado por Jesús. No es un amor filantrópico fruto de ser muy liberal.

Este mensaje va a ser inquietante y medicinal. Y no se debe olvidar que, si bien es un mensaje para este mundo, no es de este mundo: por eso, uno no puede dejarse llevar por la “lógica” de este mundo, so pena de ser ineficaces; se les va a perseguir, se les va a odiar, y, entonces, no deben olvidar que para el odio no hay otra respuesta eficaz y salvadora que el amor.

Sobre este fondo hay que entender la serie de máximas que escuchamos este domingo a modo de ejemplo práctico y no de código; pues Jesús no ha vino a promulgar una ley sino a traer la salvación.

Fijándonos en el texto del evangelio de hoy, encontramos dos centros alrededor de los cuales gira el mensaje de Jesús. El primero se refiere a un dicho de tipo sapiencial muy conocido entre los rabinos del tiempo de Jesús: “Traten a los demás como quieren que les traten a ustedes”; sólo que Jesús extiende este principio hasta los enemigos: “Hagan el bien a los que les odian, bendigan a quienes les maldicen”. Hay que llegar incluso al área temida y hostil, la de los enemigos.

En cambio el segundo centro está basado en otro dicho de tono teológico: “Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso”. Ahora el “modelo” es infinito porque se trata del amor de Dios. Y a través de esta imitación de Dios es como nosotros nos transformamos en sus hijos. Para san Lucas, el amor es el principio unificador del católico con Dios.

Hoy resuena en el mensaje del evangelio la expresión más real de nuestra vida de fe: “Amen como Dios les ama”. Esta es la “regla de oro” que acaba con cualquier ley y pasa por encima de todas las exigencias de la justicia. Se la comenta con una serie de ejemplos brillantes, intencionalmente paradójicos: la mejilla y el manto son imágenes emblemáticas para expresar un amor que no conoce fronteras ni reservas.

Recuerda siempre el criterio para tu examen personal: “La medida con que midas, se usará para medirte a ti”.

 

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