Mañana, día uno de marzo, se cumplirán exactamente 118 años del nacimiento de Pablo O’Higgins. Una de esas raras avis que nacidas en el extranjero encontraron en México la respuesta a sus interrogantes artísticas, a sus búsquedas personales y a sus expectativas creadoras.
En el caso de O’Higgins era solamente un veinteañero que vivía en San Diego, California (su ciudad natal era Salt Lake City), cuando envió, según recogen sus biógrafos, una felicitación a México al ya muy sobresaliente Diego Rivera por su mural llamado “La creación” y a lo cual el maestro Rivera respondió invitando al joven a trabajar colaborando con él.
Consecuencia de esa invitación, Pablo trabajó un tiempo ayudando al maestro en los murales de las EP y la Escuela de Agricultura de Chapingo, así como en otras actividades y realizó tanto murales colectivos como proyectos individuales, de los cuales los primeros fueron en escuelas primarias de Ciudad de México, aunque después recibió otros encargos, preferentemente para espacios públicos.
Casado con la abogada mexicana María de Jesús de la Fuente Casas, también vivió y trabajó temporalmente y para realizar encargos en Estados Unidos. Hay que destacar que en los años treinta obtuvo una beca para estudiar un año en la Unión Soviética y regresó al mismo país en 1968 a solicitud de la Unión de Pintores de Rusia, donde pintó un mural de pequeñas dimensiones. Su nacionalidad mexicana la recibió en el año 1961.
De entre sus actividades más importantes de promoción cultural destaca ser cofundador en 1937 del Taller de la Gráfica Popular, agrupación de gran influencia en la estética y la producción artística nacional y cuyos efectos llegan hasta las nuevas generaciones de artistas de la gráfica contemporánea.
La presencia de O’Higgins en los espacios del Macay ha sido más bien discreta aunque su primera aparición fue muy temprana: desde enero de 1996, apenas dos años después de la apertura del recinto, ya formaba parte de la primera colectiva conmemorativa del Taller de la Gráfica Popular, en la cual se presentaron 132 estampas, impresas en 1960, como parte de un portafolio realizado por el Taller. Además de O’Higgins, la colección incluyó obra de Ignacio Aguirre, Ángel Bracho, Alfredo Zalce y el yucateco Fernando Castro Pacheco.
En aquella ocasión la temática fue las luchas y esfuerzos del pueblo de México, desde tiempos indígenas hasta el período posrevolucionario, contemporáneo al taller impresor. Tema que parecería un lugar común pero del cual cada día se refrenda su vigencia y pertinencia, ante la inconsecuente voluntad política, generalmente caprichosa y poco responsable del pueblo que le dio un voto de confianza y, lo que es peor aún, de esperanza.
En opinión de Eduardo Espinosa, curador e investigador del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap), además de su investigación en diferentes técnicas muralistas o de su estilo y trazo libre y enérgico de fuertes recursos expresionistas, tiene otras valiosas aportaciones temáticas en su discurso o relato; por ejemplo, al haber incorporado niños para denunciar el trabajo infantil o exhibir abiertamente el maltrato a los obreros. Esto fue, afirma el historiador, debido a que Pablo siempre estuvo convencido de su compromiso como artista y asumirse “como un educador político”.
Considerado un pintor de abstracciones tanto por su estilo y técnica libre como por abstraer conceptos para plasmarlos, un ejemplo de su trabajo podría ser la pieza que fue expuesta hace 26 años en el Macay: “La destrucción del México Antiguo” (ca. 1950) impresa con offset, que muestra a un personaje, habitante del mencionado México prehispánico, que porta un tocado, atuendo y calzado característicos y cuya anatomía, definida con gruesos trazos, protagoniza la pieza en primer plano. Aun yacente como está, entre los brazos sostiene antiguos códices mientras mira desolado a la fisonomía urbana de su antigua ciudad en llamas, mientras se sugieren, amenazantes, siluetas que asemejan a soldados con armadura. Esta pieza pertenece a la Colección Andrés Blastein y forma parte del museo virtual de la Fundación del mismo nombre. Más información:
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