Los movimientos contra la violencia de género dejan huella en la manera en que las mujeres expresan su realidad. Así lo reflejan tanto las producciones literarias como el discurso de la calle, por ejemplo el que nutre los cantos de marchas feministas.

Dos características de esas narrativas son la enunciación colectiva (reproducen diferentes voces) y la apropiación de términos con carga negativa a los que dotan de nuevo sentido, según explica Selma Rodal Linares, doctora en Filosofía e investigadora en el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (Cephcis) de la UNAM.

Hay autoras, indica, “que reproducen el habla de chisme o los discursos que las codifican y limitan, mostrándonos el peso de la comunidad en su vida”.

Un ejemplo se encuentra en “Roza tumba quema”, novela de la salvadoreña Claudia Hernández en la que “las mujeres todo el tiempo están preocupadas por lo que van a decir los vecinos; esa habla comunitaria las limita pero también la utilizan como estrategia para resistir ante prácticas de violencia”.

“Esto es algo muy presentes en las pintas” de las manifestaciones feministas, que “articulan una enunciación colectiva que es plural y contradictoria, porque hay muchos feminismos”.

Este tema lo abordará Rodal Linares en la conferencia “Narrativas femeninas de la violencia: de la calle al libro”, que ofrecerá hoy, a las 5 p.m., por Facebook Live en el perfil del Cephcis UNAM.

De acuerdo con la investigadora, un punto en común entre las expresiones feministas de la literatura y de la calle es la apropiación de símbolos con sentido negativo y la transformación de su significado. “La figura de la bruja es una de las más recuperadas en la literatura actual, es la misma idea de la mujer mala”, apunta. En las marchas “hay un cántico que dice: ‘Somos malas, podemos ser peores’; muestran que el criterio moral de maldad femenina ha sido injusto con las mujeres y limitado el ejercicio de su libertad”.

Momento histórico

Rodal Linares destaca que éste es “un momento histórico” para la literatura latinoamericana escrita por mujeres debido a la calidad de las autoras y la fecundidad de su producción. “No quiere decir que antes no las hubiera, sino que estas autoras han llegado a las distribuidoras y las editoriales y las están publicando”, señala.

“Uno de los grandes retos que ha afrontado la narrativa escrita por mujeres es que resulta perpleja para quien la lee, porque siempre ha estado llena de contradicciones, un mismo texto pareciera que se divide en muchas personalidades y no es totalmente conclusivo, es difícil decir qué piensa de verdad la autora”.

Influencia

Que los movimientos feministas han influido en la literatura escrita por mujeres es algo que se intuye cierto. “Sabemos que muchas autoras leyeron a teóricas feministas y desde ahí renovaron las formas de hacer literatura. Ahora, el diálogo se ha expandido; las autoras actuales recuperan los feminismos que se hacen desde lugares que ya no son la academia, sino protagonizados por mujeres indígenas o feminismos de la calle”.

Ese tipo de narrativa se puede encontrar en obras como “El invencible verano de Liliana”, en el que Cristina Rivera Garza relata la muerte de su hermana a manos de su pareja. La escritora toma fragmentos de “Un violador en tu camino”, del performance del colectivo chileno Las Tesis, y “los va tramando, metiendo su propia voz y mostrando cómo los versos le dan un lenguaje para hablar de lo que siente y que no tenía antes”.

“México tiene autoras increíbles, tanto las narrativas de la calle como las del libro generan reflexiones muy interesantes”, subraya.

Contradicción

“México en ese sentido está a la vanguardia, lo cual es contradictorio porque es uno de los países que sufre peor violencia de género”, agrega. “Tal vez por eso las mujeres necesitan escribir sobre el tema; ha escalado a tal grado la violencia de género y hay tal grado de impunidad que las mujeres necesitan discutirlo, todo el tiempo están pensando en el hartazgo de lo que significa”.

Rodal Linares añade que hay datos que permiten concluir que “es favorable que esas narrativas existan” para mujeres y hombres. Estos textos “significan para ellos una liberación, se dan cuenta que no necesitan reproducir la masculinidad tóxica, que pueden reinventarse; yo sí creo que la literatura cambia vidas porque lo he visto”.

“Creo que se está recibiendo bien porque las autoras se han traducido a muchos idiomas y son un fenómeno comercial, se agotan sus libros”, dice.

“Es muy rica la narrativa actual”, puntualiza, “muy diversa, con estrategias distintas, imaginarios diferentes; tienes para escoger por todos lados. Estamos viviendo una época privilegiada”.— Valentina Boeta Madera