Policía en Mérida
Una madre de familia y funcionaria pública, realizó una singular crítica a la prueba de manejo que aplica la SSP de Yucatán para la autorización de la licencia de manejo de vehículos motorizados Credit: Google Maps

Una madre de familia y funcionaria pública, quien omite su nombre para evitar represiones, realiza singular crítica de manera propositiva la prueba de manejo que aplica la Secretaría de Seguridad Pública de Yucatán para la autorización de una licencia de manejo de vehículos motorizados.

Testigo de los momentos de angustia, frustración y caída del ánimo de su hijo novato que inicia su vida autónoma por medio del automóvil, la funcionaria pública narra el desdén del instructor de manejo de la SSP que tiene a su cargo está difícil prueba en un escenario arcaico y obsoleto en un cajón restringido donde el conductor  nunca tendrá esa dificultad para estacionar.

El relato de la madre de familia que envía al Diario su amarga experiencia y desesperación es la siguiente:

“Dicen que los elefantes dejan de luchar contra sus grilletes en el momento en que experimentan la indefensión aprendida. Se dan cuenta de que nada de lo que hagan los podrá liberar, así que dejan de intentarlo”.

“Con el tiempo crecen, se vuelven enormes y fuertes… pero el mismo pequeño grillete sigue sosteniéndolos, porque ya no intentan liberarse. Es, para mí, una de las imágenes más tristes que existen.Y hoy, tristemente, es exactamente como me siento”.

“Me he dedicado buena parte de mi vida a hablar con las personas sobre valores, virtudes y la posibilidad de construir un mundo mejor. Estoy convencida de algo muy simple: si no venimos a este mundo a mejorarlo, no tiene mucho sentido haber venido a vivir en él. Pero hoy, después de varias visitas a la Secretaría de Seguridad Pública, siento algo que pocas veces había sentido: indefensión aprendida”.

“Un trámite que debería ser una experiencia formativa para mi hijo de 16 años se ha convertido en una tortura. Una y otra vez intentando estacionarse en menos de cinco movimientos para escuchar siempre alguna variación de lo mismo: “Estás muy pegado”.
“Estás muy separado”.

“Volteaste a ver”. Sé que eventualmente lo logrará. También sé que muchas personas a mi alrededor me dicen lo mismo: “Da una mordida y listo”. Y sí, lo sé. Sé perfectamente que podría resolverlo con un billete en la mano. Pero también sé que hacerlo sería una incongruencia absoluta con todo lo que he defendido durante años”.

“Lo más frustrante es que esta prueba arcaica no mide realmente la habilidad para manejar. No evalúa toma de decisiones, prevención de riesgos ni conducción en situaciones reales. Y, sin embargo, sospecho que seguirá siendo así por muchos años más”.

“Sentada bajo los 38 grados de ese día de la prueba esperaba a mi hijo y no puedo evitar pensar: Tiene que haber otra manera. No estoy hablando de países de primer mundo. Estoy hablando de otros estados de la República Mexicana, donde ya existen: simuladores de manejo tipo videojuego circuitos automatizados con sensores evaluaciones basadas en competencias reales de conducción No quiero quedarme como el elefante sentado con su grillete, observando cómo seguimos como borregos un sistema que ya no tiene sentido. Y tampoco creo que la culpa sea del policía que está ahí esperando una mordida”.

“Creo que, como sociedad, merecemos una Secretaría de Seguridad Pública a la altura de lo que Yucatán presume ser: a la altura de sus patrullas, de su tecnología, de su vigilancia, y del orgullo que sentimos por nuestro estado”.

“Lo que sí es una falta de respeto es medir la capacidad de manejar por la habilidad de estacionarse en un espacio ridículamente reducido —un espacio en el que la mayoría de nosotros ni siquiera intentaría estacionarse en la vida real— ignorando además que muchos vehículos hoy cuentan con cámaras y sensores, y que los estacionamientos modernos ya ni siquiera funcionan así. …En este momento mi hijo sale con una sonrisa porque lo logró… (suspiro)”.

“Podría simplemente guardar estas líneas en las notas de mi celular y seguir con mi día. Podría resignarme, tal como sucede cuando aparece la indefensión aprendida. Pero resignarse es precisamente lo que la indefensión aprendida nos enseña a hacer. Y lo opuesto a resignarse es el optimismo aprendido. Por eso prefiero creer que estas líneas pueden llegar a la persona correcta, a quien tenga la capacidad de cuestionar este sistema y mejorarlo. Porque como sociedad merecemos procesos más justos, más inteligentes y más acordes a los tiempos que vivimos. Y porque, aunque a veces parezca que no, SI HAY OTRA MANERA”.

Aunque la autora del texto se identifica plenamente pide que la llamen Analí Contreras, por lo que protege su identidad real.

También le podría interesar: “Camioneta termina en la hondonada del Periférico de Mérida

Joaquín Orlando Chan Caamal, reportero de la Agencia Informativa Megamedia (AIM); es periodista desde 1987 y en 1993 ingresó a Diario de Yucatán, buque insignia de Grupo Megamedia. Escribe sobre el ámbito local y peninsular, especialmente contenidos sobre educación, economía, medio ambiente, sectores empresariales, sociedad y seguridad.