El Ballet de Monterrey se convirtió anoche en la primera compañía de danza clásica visitante que se presenta en Mérida tras los dos años transcurridos de pandemia.

No extraña entonces que numerosos espectadores —los permitidos por las aún vigentes limitaciones de aforo— respondieran a la convocatoria de presenciar en el Teatro Armando Manzanero la primera de las cuatro funciones de la gala “Levitar” que la compañía ofrecerá en la ciudad este fin de semana bajo la guía de Thiago Soares, su director artístico.

Aunque lleva el ballet en el nombre y el repertorio, son las coreografías contemporáneas y neoclásicas las que constituyen el elemento diferenciador de la agrupación regiomontana, que abrió el programa —de una hora y media de duración, sin intermedio— a la manera con que otras compañías prefieren cerrarlo: con el grand pas de deux del tercer acto de “Don Quijote”.

Olivia Quintana y Luciano Perotto fueron Kitri y Basilio en una versión del dueto que incorpora al cuerpo de baile como testigo de una parte de la acción y, después del adagio y antes de la coda, variaciones de dos solistas.

Las otras dos piezas del repertorio clásico en el programa fueron extraídas de “El lago de los cisnes”: el pas de deux del segundo acto, con Ernesto Mejica y una Junna Ige de delicadas líneas, y el dueto del tercero, en el que Daniela Fabelo, haciendo pareja con Brian Ruiz, destiló la suficiente picardía a la que obliga el personaje de Odile, con el que la bailarina transmitió seguridad en sí misma y control del escenario.

Entre ambos pasos a dos del ballet de Tchaikovsky —el segundo y el penúltimo números, respectivamente, de la velada—, el Ballet de Monterrey hizo una exhibición de músculo contemporáneo y neoclásico.

“Transpoint”

La yucateca Aniuska Camacho Torres e Iván Arámbula presentaron un fragmento de “Transpoint”, obra de Soares de tono introspectivo, a lo que contribuye un escenario a media luz.

También transpira tensión “Inefable”, de Diego Landín, en la que Amelie Flores y Marco Cantú bailan —con las notas de un piano interpretado en vivo— la tirantez en una pareja, que al final termina por dividir caminos, solo para ser reemplazada por otra que recuerda que esta historia está destinada a repetirse.

El piano acompañó asimismo, en unión de un violín, la pieza más jovial de la velada: “Sonatina”, de Thiago Soares. Leslie Fuentes, Michel Parreño y Vladimir Piedra recrearon la inofensiva rivalidad en un trío, que mezcla la técnica académica con movimientos cotidianos.

“Pa yo yo ma”

“Pa yo yo ma”, igualmente de Soares, reúne a cuatro parejas que bailan juntas y que formaron Leslie Fuentes, Abigaíl Miranda, Amelie Flores, Aniuska Camacho, Axel Jaramillo, Alejandro Reyes, Nicolás Merenda e Iván Arámbula.

El programa finalizó con “Carrusel”, otra pieza del director, en la que la compañía juega con el número de integrantes en el escenario, para concluir con la presencia de todos al completo.

En esta coreografía, el público aplaudió espontáneamente los momentos en que ocho bailarines —igual número de mujeres y hombres— giraron formando una rueda, ellas haciendo movimientos en el aire, sostenidas por ellos.