NUEVA YORK (AP).— Jillian Amodio decidió decir la verdad cuando su hija de diez años le hizo algunas preguntas específicas sobre la guerra en Ucrania.

“Cuando me preguntó qué eran las armas nucleares, le expliqué de forma sencilla que eran explosivos usados en la guerra capaces de liberar una enorme cantidad de energía y de causar mucha destrucción y daño”, cuenta Amodio, de Annápolis, Maryland, y fundadora de un grupo de apoyo llamado Madres por la Salud Mental.

Su hija todavía tenía más preguntas.

“Quería saber si corríamos peligro de ser alcanzados por armas nucleares”, dice Amodio. “Le expliqué que los líderes de todo el mundo tienen la responsabilidad de evitar una guerra nuclear y que ya sabemos por experiencias pasadas lo destructiva que puede ser una guerra nuclear”.

Amodio hizo lo que muchos padres y expertos recomiendan: hablar con la verdad, partiendo de elementos que sabía que su hija podía asimilar.

El día de febrero en que el presidente ruso Vladimir Putin ordenó poner en estado de alerta sus fuerzas nucleares fue duro para muchos padres con hijos curiosos.

En las redes sociales, los salones de clase y los parques los chicos que oyen hablar de la invasión rusa de Ucrania se preguntan hasta dónde puede llegar esta guerra. Es como si un niño hubiese nacido durante la Guerra Fría, cuando se habló también de un conflicto nuclear, de radiación y de la bomba atómica. A diferencia del pasado, sin embargo, los chicos de hoy tienen acceso irrestricto a imágenes, vídeos e información, así como a toneladas de desinformación. Cuentan asimismo con seres queridos con experiencias personales relacionadas con épocas de tensión nuclear.

No entres en detalles

“Con los chicos más pequeños hay que hablar de una forma sencilla y evitar abordar en detalle temas que pueden generar temor. Con los adolescentes, la honestidad es la mejor política; ser siempre transparentes”, explica Beth Oller, médica de familia de Stockton (Kansas) y madre de cuatro niños, de dos a nueve años de edad. “Trate de tranquilizarlos”.

El temor a una devastación nuclear puede generar traumas de por vida, de acuerdo con Nathaniel N. Ivers, profesor de consejería de la Universidad Wake Forest. Durante la Guerra Fría se hicieron estudios que revelaron que las poblaciones vulnerables, incluidos los niños y aquéllos que los cuidan, sienten un mayor temor y ansiedad en torno a la amenaza nuclear que el resto de la población. Y que los padres que demuestran mayor ansiedad sobre la amenaza nuclear “tendían a tener hijos que se mostraban a su vez más ansiosos en relación con las bombas nucleares”.

La amenaza de una detonación nuclear —como en el caso de la crisis de los misiles de Cuba— puede generar en los chicos una profunda toma de conciencia acerca de la muerte y la vulnerabilidad. “Los chicos saben que hay muy poco que podrían hacer para protegerse si estalla una bomba nuclear en su zona”, declara el profesor Ivers.

“También se puede crear un sentido de nihilismo, especialmente en los chicos más grandes y en los adolescentes”, añade.

Henry Williams, diseñador digital de Brooklyn, recurrió a una película cuando su hijo de 11 años le hizo preguntas sobre las armas nucleares y la guerra. Pero no fue “La caza del Octubre Rojo (The Hunt for Red October)” ni a “La suma de todos los miedos (The Sum of All Fears)”, otra historia de la serie de Jack Ryan acerca de un siniestro complot para llevar a Estados Unidos y a Rusia a una Tercera Guerra Mundial. Williams apeló a “Threads (Hilos)”, sobre la vida de una pareja después de una explosión nuclear.

La cinta, llena de situaciones horrorosas muy realistas, fue hecha para la BBC inglesa y estrenada en 1984. Ahora tiene un grupo de fieles admiradores.

Williams estaba en su casa en el Reino Unido durante unas vacaciones al lado de sus hijos cuando estalló la guerra en Ucrania.

“Teníamos sintonizado el noticiero de la BBC todo el día. Eso generó inquietudes”, relata. “Es una película mucho más realista. Lo que realmente sucede”.

Su hijo de 11 años no parecía muy conmovido, recuerda Williams. El menor de 5 años no vio la cinta, pero tenía una pregunta muy sencilla: “Entonces, ¿nos moriremos todos?”. El padre respondió: “Sí, pero eso es poco probable. Tenía en la cabeza la idea de que esto podía suceder, lo que me pareció increíble. Pero aun así no estaba asustado. Le dije que estaríamos con él si sucedía y eso creo que lo calmó”.

 

Cuando Putin ordenó el estado de alerta de sus fuerzas nucleares, Ricardo Groll fue honesto con sus hijas de nueve y 12 años.

“Decidí explicarles lo que quería decir ‘nuclear’ y cómo puede afectar a la gente en Europa”, expresa Groll desde Novo Hamburgo, al sur de Brasil. La menor de sus hijas le preguntó: “Papi, ¿es malo ese señor? ¿Va a lastimar a nuestra familia? ¿Cómo?”.

“Como hago siempre con mis hijas, les dije la verdad”, señala Groll. “Ahora estoy seguro de que si alguien le pregunta a Giovanna qué es un arma nuclear, ella va a responder: ‘Es una bomba que puede destruir el mundo’. No parece estar traumatizada por mi explicación directa, aunque debo confesar que no sé si entiende realmente lo que quiere decir ‘destruir el mundo’”.

Las cosas son distintas con los chicos que ya experimentaron la guerra.

“Si un niño arrastra un trauma, ver imágenes perturbadoras puede agravar la ansiedad y requerir más apoyo”, advierte Griffin.