Decenas de fieles de la parroquia de Cristo Resucitado, en Montecristo, participaron en la misa que ayer presidió el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, con motivo de la fiesta patronal.
“¡Felices pascuas!”, exclamó el prelado dirigiéndose a la comunidad que llenó el templo y a la que asperjó agua bendita al inicio de la ceremonia, que concelebraron monseñor Joaquín Vázquez Ávila y el padre Aarón Sánchez Bobadilla.
En su homilía, monseñor Rodríguez Vega recordó que el Domingo de Resurrección es la gran fiesta de los cristianos, incluso por encima de la Navidad. “Al principio solo había ésta (celebración). Fue dos o tres siglos después que vino la de Navidad con la libertad constantiniana (…). La Pascua se ha celebrado siempre, cada año, y además se celebra en cada eucaristía, principalmente en domingo, pero siempre hay el sacramento de la muerte y resurrección del Señor”.
Agregó que para llegar a esta fiesta, en la que se renueva el sacramento del Bautismo, los cristianos se prepararon durante 40 días. “La naturaleza renace y nosotros también queremos renacer junto con Cristo a una vida nueva. Necesitamos siempre estar en renovación y crecimiento constante y la celebración pascual es una excelente oportunidad para hacerlo”, dijo.
Al hacer mención de las mujeres que visitaron el sepulcro de Jesús y lo encontraron vacío, el Arzobispo se preguntó si sentían miedo. “Sí tenían, pero se lo aguantaban. Las mujeres siempre han sido así. La mujer sale adelante para proteger a su familia. Es el instituto de fortaleza, de gracia, es el amor que vence el temor, que vence el cansancio y cualquier otro obstáculo”, manifestó, para rematar que por esa razón fueron ellas las primeras en recibir y transmitir la noticia de la resurrección del Señor.
Enseñanza
En otra parte de su mensaje, monseñor Rodríguez Vega expresó sus deseos de que nadie deseche las enseñanzas de las abuelas, madres y catequistas.
“Les aseguro que hay verdades que ellas nos han transmitido que ni la mejor universidad podrá transmitirnos. Por ellas hemos recibido esta cadena de fe, de revelación y hay que vivir siempre agradecidos”.
También se refirió a las lecciones que el apóstol Juan dejó a los jóvenes, por ejemplo la de darle su lugar a los mayores y cuidarlos.
“El amor es capaz de superar todo temor y todo obstáculo. Los hombres también, en la medida que realmente amemos, podremos superar cualquier obstáculo. De aquellos apóstoles solo cuatro, el más joven, tuvo el valor de estar junto a la cruz. También tenía miedo, pero estaba acompañando a María y a Jesús”.
Y dirigiéndose a los jóvenes, a los que llamó “el otro discípulo de Jesús”, indicó: “También eres llamado a tener el valor que viene del amor. Tú como joven tienes la oportunidad de dar el mejor de los testimonios”.
“Dios nos ayude a los sacerdotes y obispos, pero también a las familias, para atraer de nuevo a los jóvenes al corazón de nuestro señor Jesucristo”.— Iván Canul Ek
