“En la casa que no hay pan, pocas cosas se dan”, refrán

Cuenta la historia que dos emprendedores españoles llamados Vicente y Manuel Diego —allá por el año 1900— fundaron, en el predio número 407 de la calle 62 cerca del barrio de Santa Ana, una panadería a la que denominaron “Los catalanes”.

El producto se repartía por medio de carretones de tracción animal tanto en las calles santanerinas como en gran parte de la ciudad.

“Los catalanes”, que fue en su época famosa y bien acreditada —según se dice— fue la que dio a conocer en nuestro medio el rico pan francés, nombre que se le da por su aparente proximidad a la baguette, que es originaria de Francia y es elaborada con harina de trigo.

Las mulas que tiraban de los carros repartidores llevaban al cuello un collar de grandes cascabeles que, al trote de las mismas producían —en el amanecer— un musical aviso para las amas de casa.

Cuando los vehículos de referencia acababan su trabajo tenían como estacionamiento un callejón correspondiente al mismo predio de la panadería.

Y se dice también que el pan francés se produce por primera vez en el pueblo de Teocaltiche, por influencia de los franceses. Y que cuando la intervención francesa concluyó, ese pan se siguió elaborando en los Altos de Jalisco.

Colofón: Una pregunta: ¿Será que el bolillo vaya a destituir a nuestro pan francés?

Presidenta del Patronato Pro Historia Peninsular de Yucatán, A.C.

 

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