Al cumplirse el 198o. aniversario luctuoso de Agustín de Iturbide, conmemorado ayer, la ocasión es propicia para reflexionar y analizar el papel de este personaje en la historia del país y al cual no se le ha dado el justo reconocimiento de “padre de la Patria” que merece, dadas las circunstancias en que se dio la consumación de la independencia nacional (acontecimiento poco divulgado en el calendario cívico de nuestro país), su ascenso al poder como el primer emperador Mexicano, su auto exilio a Europa y la arbitraria forma en que se fraguó su asesinato, señaló el investigador e historiador yucateco Víctor Arjona Barbosa.

El juicio de la historia ha colocado a Iturbide como un traidor a la patria que pagó con su vida tal osadía, sin embargo, la figura del militar mexicano más allá de su condición humana, con virtudes y defectos, lo coloca como un patriota que puso fin a 11 años de guerra, sentó las bases de una independencia real de España, impulsó la creación de una nueva constitución, dio al país una cohesión social como hasta entonces no tenía, y aún así, hay quienes lo siguen viendo como un enemigo del país, refiere el historiador, añade el investigador.

La consumación de la guerra de Independencia se da el 27 de septiembre de 1821, justo el día de su cumpleaños (entonces tenía 38 años de edad), y murió fusilado en territorio tamaulipeco el 19 de julio de 1824, sólo dos días antes de conmemorar dos años de ser nombrado emperador de México.

Arbitrariedad

El momento histórico de la muerte de Iturbide y la forma en que ésta se dio, es a juicio del historiador Arjona Barbosa, una absoluta arbitrariedad llena de inconsistencias judiciales y causas totalmente circunstanciales desfavorables para el hombre que no tuvo un juicio y un debido proceso; hoy día su caso sería objeto de una profunda investigación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

El entrevistado explicó que Agustín de Iturbide comandaba al Ejército Realista que durante muchos años combatió a los insurgentes llevando la guerra a los bastiones de la sierra sur del país enfrentando a las fuerzas de Vicente Guerrero. Para entonces el virrey Apodaca ya había logrado, vía indultos, frenar el avance de los líderes insurgentes en la Nueva España; solo Guerrero era quien mantenía viva la antorcha de la independencia pero no había podido ir más allá de la zonas serranas.

Pactar con Guerrero era lo único que quedaba para sentar las bases de una independencia inminente, reconocida por el propio Iturbide que había visto el sacrificio de muchas personas por alcanzar el anhelo de una nación independiente, pero no al grito de “Mueran los españoles”, que proclamaba el cura Miguel Hidalgo (quien sólo estuvo en la lucha 10 primeros meses de la misma) sino con la consigna “Con la unidad de todos” que le brindaba su visión más de estadista que de caudillo.

Acatempan y la alianza con Guerrero fue el principio de una nueva vía hacia la independencia, ya no era la lucha armada entre realistas e insurgentes, ahora había una nueva fuerza, el Ejército de las Tres Garantías (Religión, Independencia y Unión), comandado por el propio Iturbide y reconocido así por Vicente Guerrero, que encontró en Agustín a un mexicano bien preparado y con cualidades de liderazgo.

Iturbide vio la necesidad de encontrar alternativas para darle a la joven nación un gobierno capaz de crear esa unidad, quizá por esa razón consideró pertinente que ya sea Fernando, rey de España, o cualquiera de sus hermanos, se hicieran cargo del nuevo gobierno mientras se redactara una nueva constitución.

Al no obtenerse respuesta, los estadistas nacionales comenzaron a ver que Iturbide tenía esas cualidades para dirigir al país: era el personaje del momento, el consumador de la independencia, el “padre de la Patria”, el que logró sentar las bases de la pacificación y las condiciones para crear un gobierno. Fue coronado emperador de México el 21 de julio de 1822, a los 38 años de edad.

El Congreso

Aunque era un imperio, se conformó un congreso encargado de crear una constitución, un congreso en el que habían borboristas afines al Plan de Iguala, republicanos (que no querían propiamente un imperio) y gente afín a la causa de Iturbide.

El entrevistado platicó que aunque la historia no lo consigan abiertamente, la injerencia de Estados Unidos de Norteamérica ya pesaba en el nuevo imperio: Joel Robert Poinsett, representante de la nación del norte, estaba decidido a lograr, por la buenas, un acuerdo con el imperio de Iturbide para adjudicarse la mitad del territorio mexicano, esto con el apoyo de las logias masónicas que ya existían en el país. Iturbide no acepta y con ello su suerte esta echada.

Infortunadamente para la causa de Iturbide las condiciones para gobernar con justicia la nueva nación no fueron del todo favorables: intereses, juegos de poder, conspiraciones… El congreso lejos de trabajar por una constitución estaba más abocado a quitar a Iturbide el poder, es por esa razón que el emperador disolvió este órgano en 1822.

No fue sino hasta febrero de 1823, con el Plan de Casamata, que se dieron las condiciones para restaurar el congreso, lo que sucedió el 7 de marzo de ese mismo año. Para desgracia de Iturbide, el congreso nuevamente se convirtió en centro de conspiraciones y complot en su contra, fue así como el 19 de marzo de 1823 Iturbide anunció su abdicación y anticipó que se autoexiliará en Europa, lo que ocurre el 31 de mayo de 1823 cuando partió rumbo a Liorna, Italia.

Con su abdicación, el congreso siguió operando pero se nombró un supremo poder ejecutivo que recayó en un triumbirato de caudillos de la lucha independentista: los generales Pedro Celestino Negrete, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria, sus suplentes eran Mariano Michelena, Miguel Domínguez (esposo de la corregidora Josefa Ortíz de Domínguez) y Vicente Guerrero.

Para asegurarse que Iturbide nunca más volviera al país, se le decretó traidor a la patria, enemigo del estado, fuera de la ley y se le condenó a morir si volvía a pisar suelo mexicano por la causa que fuere, esto a finales de abril de 1824.

Durante su autoexilio en Italia, Iturbide vivió siempre bajo el escrutinio del gobierno italiano, especialmente tras conocerse una alianza entre Rusia, Prusia y Austria que ofrecieron al rey Fernando VII apoyo para reconquistar los territorios perdidos por la independencia de la Nueva España.

De regreso a México

Con esta información, Iturbide se embarcó hacia Inglaterra en espera de que éstos solo fueran rumores, pero al convencerse de la gravedad de la amenaza, tomó a su familia y viajó hacia México en mayo de 1824 con la intención de poner su espada al servicio de la defensa de la nación.

Llegó al puerto de Soto la Marina el 14 de julio de 1824 desconociendo el decreto que lo condenaba a muerte.

Sin ninguna posibilidad de defensa y de manera por demás arbitraria, fue condenado a morir fusilado el 19 de julio a las 6 p.m., a los 40 años de edad, consumándose así la infamia a manos de su verdugo Felipe de la Garza, hombre al que solo unos años atrás le había perdonado la vida tras una intento para derrocarle.

“Nunca se explicó ¿en qué estribaba la traición a la patria?, ¿Por qué solo a él?, ¿Por qué no se le hizo un juicio?; hoy el caso sería objeto de una investigación de derechos humanos”, consideró el historiador.

“Ejecutado Iturbide en julio, en octubre de 1824 se publicó la nueva constitución, la misma que llevó al poder a Guadalupe Victoria como primer presidente de México en 1825”, agregó.

“Es lamentable que pese a todo lo que hizo Iturbide, lo tachen de traidor a la patria o enemigo de la nación, Iturbide fue un héroe, el legítimo padre de la Patria”, comentó el historiador Arjona Barbosa.

“Es un caso singular que en México se conmemora cada 16 de septiembre el inicio de la guerra de independencia, lo cual no es malo, sin embargo la fecha que marca la consumación del movimiento y el verdadero inicio de la nación independiente (deja de ser Nueva España), el 27 de septiembre de 1821, esa ni siquiera se destaca en el calendario cívico”.— Emanuel Rincón Becerra

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