WHANGANUI (AP).— El río Whanganui se adentra en el océano, crecido tras días de fuertes lluvias y amarillento por la tierra y barro que ha caído a sus costados. Troncos y escombros pasan mientras el crepúsculo se acerca.

Tahi Nepia, de 61 años, rema tranquilamente en una canoa llamada “waka ama” en su lengua indígena maorí, y es sacudida de un lado al otro.

Antes de aventurarse en el agua, se asegura de primero pedir permiso a sus ancestros en una oración, o “karakia”. Es el punto más importante en su lista de seguridad. Dice que sus ancestros habitan el río y que cada vez que sumerge su remo en el agua, los toca.

“Les transmites un ‘mihimihi’, les transmites un mensaje”, dice Nepia. “Es así como vemos ese río. Es una parte de nosotros”.

En 2017, Nueva Zelanda aprobó una ley innovadora que otorgó el estatus de persona (como entidad legal) al río Whanganui. La ley declara que el río es un ente vivo completo desde las montañas hasta el mar, e incorpora todos sus elementos físicos y metafísicos.

La ley fue parte de un acuerdo con los whanganui iwi, que comprende a maoríes de varias tribus que desde hace mucho han considerado al río como una fuerza viviente.

Para muchos, su nueva posición refleja un renacimiento más amplio de la cultura maorí y la oportunidad de revertir generaciones de discriminación contra los maoríes y la degradación del río.

Los maoríes de Whanganui tienen un dicho: Ko au te awa, ko te awa ko au: yo soy el río y el río soy yo.

Tierra adentro, a media hora en auto desde la desembocadura, Gerrard Albert señala el bucólico lugar a orillas del río donde vive su gente, un asentamiento ancestral que nunca fue vendido y es hogar de unas 120 personas.

“Mana”

Dice que el río y las tierras circundantes tienen su propia autoridad o “mana”.

“Dictan los términos para el uso y la ocupación humana”, dice. “Y durante demasiado tiempo hemos asumido que es lo contrario”.

Albert, de 54 años, fue el principal negociador de los maoríes whanganui para que los legisladores reconocieran el estatus de persona del río después de que su tribu luchó por los derechos del río durante más de 140 años.

Albert dice que el estatus es una ficción legal, una construcción usada más comúnmente para dar a una corporación algo semejante a una posición legal.

Si bien la ley establece que el río goza de los mismos derechos, facultades, deberes y responsabilidades que cualquier otra persona, existen limitaciones. Por ejemplo, señala Albert, no se puede demandar al río si alguien se ahoga en sus aguas como se puede demandar al propietario de una casa por no cercar una piscina.

Pero Albert también lo ve como una oportunidad para un cambio permanente en la manera de pensar.

“Este es un reordenamiento político de los valores”, dice. “Estos son derechos indígenas. Pueblos indígenas liderando hacia un cambio mejor para todos”.

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