Vibrantes, emocionales, cromáticas, impulsivas, cuestionantes, así se perciben las obras de la exposición colectiva “6 Líneas”, integrada por igual número de artistas, quienes abordan la pintura abstracta de manera libre, fresca y hasta innovadora, al usar elementos distintos a los habituales en los cuadros, y de técnicas experimentales que dan como resultado tonalidades difíciles de lograr sólo con pintura.
La exposición se inaugurará el próximo miércoles 24, a las 20 horas, en la galería Jaime Barrera Arte Contemporáneo.
Alexandra Álvarez, Lucía Lundt, Cristina Santana, Lorena Castillo y Eduardo Graniel exponen junto con Jaime Barrera en “6 Líneas”.
Lucía Lundt participa con cuatro obras. Es artista autodidacta, se inició en la pintura hace seis años y se enfoca en la exploración entre las formas, el color y la línea, pues, le gusta explorar cómo reaccionan a diferentes elementos y medios, como el acrílico, por ejemplo.
Usa también mucho el pastel al óleo y otros medios para poder hacer la expresión que quiere. Su trabajo comienza siendo un poco intuitivo en algunos casos, y después va construyendo con base en la exploración.
En esta ocasión expone una obra monocromática con el uso de cera y tinta china. Las otras tres obras son obras a color, explorando las líneas y el movimiento.
Alexandra Álvarez, quien expone cuatro cuadros, comparte que trabaja usualmente con acrílico y le importa mucho el color, algo evidente al mirar sus obras.
Un giro que le ha dado a sus pinturas es la inclusión de letras o palabras como “love” o corazones que denotan su alma enamorada. Tiene 20 años pintando, su estilo es abstracto. Es originaria de Ciudad de México y hace siete años llegó a radicar a Yucatán, un cambio que siente transformó su trabajo creativo.
Cristiana Santana expone cinco cuadros, uno es un díptico llamado “Marea roja”, que no tiene que ver con la que afecta la costa yucateco estos días, sino con un fenómeno natural en el que el mar se pinta de rojo. Es originaria de Venezuela y hace cuatro años llegó a vivir a la Ciudad. Cuenta que llegar a Mérida le dio nuevos bríos a su necesidad de crear, ya que por varios años dejó de pintar, mientras estaba en su país. Heredó de sus padres el gusto por la pintura, por lo que desde niña pinta.
Le interesa hacer una interpretación de la naturaleza en sus obras, por lo que en ocasiones se inspira de fotografías sobre la naturaleza para hacer su propia interpretación. El uso de técnica mixta y texturas son parte de su quehacer.
Lorena Castillo también pinta desde pequeña, pues, sus padres pintaban, aunque nunca lo hicieron de una manera formal, pero le inculcaron el dibujar y pintar desde niña, algo que siguió haciendo hasta que tuvo a su primer hijo y decidió pausar su carrera profesional como arquitecta y pintora, para dedicarse a la familia. Sin embargo, a raíz de la pandemia, en 2020, sintió la necesidad de sacar todo lo que sentía a través del arte, y retomó la pintura. Una de las seis obras que expone, “Altamar”, refleja su sentir sobre el tema, y el deseo de soltar lo que llevaba dentro. Ese cuadro, muestra también el uso que hace del acrílico fluido, al permitir que la pintura guiara la obra y fue dándole forma de una manera natural.
Eduardo Graniel presenta cuatro cuadros del proyecto “Rastro”, como beneficiario de los Fondos Municipales para las Artes Visuales.
Indica que recibió el apoyo en 2019, pero por la pandemia el proyecto se retrasó y no fue sino hasta 2020 y 2021 que logró llevarlo al cabo. Sin embargo, no había tenido oportunidad de exponer este trabajo, por lo que está contento de compartir algunas de las piezas creadas.
Su trabajo se basó en la recolección de diversos elementos de la arquitectura meridana, texturas de la ciudad, rastros que se van dejando por el desgaste del paso del tiempo como fragmentos de paredes cuya pintura se estaba cayendo, y elementos que las personas fueron pegando en muros, como calcomanías o letreros. Con todo lo que fue recolectando creó varios collages que dan significancia a los rastros que la ciudad va dejando.
Por su parte, el anfitrión, Jaime Barrera, participa con varias obras que muestran el uso recurrente que ha tenido los últimos tres años de objetos oxidados que recolecta en chatarrerías y que trabaja para añadirlos a sus cuadros, pegados o atornillados. Afirma que su pintura es resultado de lo explosivo que es su cerebro, ya que se considera una persona de emociones intensas, que expresa y plasma en sus pinturas.
El caos, pero también el orden, salen a relucir en sus cuadros. De igual manera expone un par de obras en las que hace uso de la cerámica, que trabaja dándole formas a manera de grecas y otros elementos que recuerdan los glifos prehispánicos y hasta formas que se relacionan con el cosmos y la vida más allá del sistema solar.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
