Los vestuarios de la reina Isabel II, quien ayer murió a los 96 años de edad, fueron siempre impecables. Siempre correcta, serena y segura, y aunque parezca relativamente sencilla en términos de forma y silueta, su atuendo nunca deja de transmitir un mensaje de optimismo, diplomacia, esperanza y estabilidad.

La mayoría de las veces la soberana elegía un vestido-abrigo inmaculadamente confeccionado que caía por debajo de la rodilla, complementado con un sombrero a juego, recuerda “Vogue”.

Completaba su vestuario con accesorios, especialmente un collar de perlas de tres vueltas y un broche, elegantes mocasines Anello & Davide, guantes blancos de algodón y un brillante bolso de mano cuadrado de Launer, que llevaba en el antebrazo.

Las tonalidades iban desde los pastel hasta atrevidos colores brillantes, pasando por los metálicos, incluso por una paleta de colores llamativos que rozaron los neones. Y sorprendentemente, con su tez clara, ojos azul claro y rizos plateados, siempre se adaptaron a todos y cada uno de ellos.

Uno supone que la reina disfrutaba vistiéndose en “color block”, pero todos los “looks” fueron una elección premeditada para asegurar que Su Majestad, de un pequeño metro y medio de altura, destaque entre la multitud de simpatizantes: rosa caramelo para una fiesta real en el jardín del Palacio de Buckingham en 2019; amarillo limón para la boda del príncipe Guillermo y Catalina Middleton en la Abadía de Westminster en 2011; y rojo en el Castillo de Windsor en 2020 para agradecer a los voluntarios y trabajadores clave por su ayuda durante la pandemia.

El azul cián para la iglesia el día de Navidad en 2012; y el verde fluorescente para Trooping The Colour en 2016, un look que hizo vibrar a la mayor parte de la Familia Real, resplandeciente en sus galas rojas y doradas, pero que se confundían con el balcón del Palacio de Buckingham, decorado para la ocasión en, bueno, tonos rojos y dorados.

 

No hay una tonalidad que no haya llevado Su Majestad, esto es porque, con cientos de compromisos a los que asistir al año y tener que cambiarse a menudo hasta cinco veces al día, la variedad de colores lo era todo.

Asesora

La responsable del estilo de la Reina era su asesora de confianza, Angela Kelly, que se incorporó a la Casa Real en 1994 como una de las vestuaristas del Palacio (ella vendió su lavadora para comprarse un traje elegante y así ir a la entrevista en el Palacio de Buckingham) antes de ascender al cargo de asistente personal, asesora y preservadora (de las joyas, las insignias y el vestuario de la Reina).

Los infaltables

Casi siempre, la reina solía llevar un sombrero corto a juego. Fue un detalle que siempre cuidó y que formó parte inherente de su estilo. Prefería llevar esta pieza llamativa, pero no muy alta, para que no se le dificulte la maniobra al salir del coche, y con el ala no demasiado ancha para no perder la visibilidad. No eran para nada simples, muchos tenían detalles florales o moños.

El diseñador estrella de Isabel II fue Philip Somerville. Se calcula que llegó a lucir unos 5 mil sombreros desde su coronación en 1953, porque los consideraba parte de su atuendo de trabajo en servicio al trono.

En días de campo o para complementar atuendos más formales, la reina Isabel II no dudaba en cambiar sus estilosos sombreros por pañuelos anudados alrededor de su cabellera. Podían tener lindos estampados que avivaban aún más su vestuario.

En lo que respecta al calzado, la monarca elegía modelos cómodos: unos de tacón bajo, con punta amplia (algunos con estilo mocasín con adorno metálico minimalista) y en color negro fueron los que más usó. Entendió siempre el poder de la comodidad y de las piezas atemporales.

Trucos

Más allá de la confección a medida, hay algunos trucos inteligentes en su vestuario: se cosen discretamente algunos pesos en los dobladillos si se prevé algo más que una suave brisa, los vestidos con mucha pedrería suelen llevar un forro extra para evitar incomodidades al momento de sentarse y, aunque la elección del tejido debe ser siempre regia, adecuada para la ocasión, el clima y la época del año; quizá lo más importante es que sea antiarrugas. Todas las telas se retuercen rigurosamente antes de su compra para comprobar que soporten las arrugas.

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