La luz es el tiempo que se piensa —Octavio Paz
Hace unos días, un grupo de artistas (Samuel Barrera, Jorge Ermilo Espinosa Torre, Ernesto Novelo, Luis Ricaurte y Emilio Salazar Touché) me plantearon la idea de, ante la falta de certámenes, bienales, concursos o competencias locales o regionales de pintura, abrir la posibilidad de integración de un “Salón Independiente”, como una alternativa de confrontación y exhibición del quehacer plástico actual en nuestra entidad, lo que además cohesionaría a la comunidad en torno a un evento.
Si bien, la idea no es novedosa, pudiera ser una alternativa de bajos recursos presupuestales.
El antecedente remoto es el Salón Carré de Arte del Louvre, París, que tuvo su apogeo entre 1725 y 1848; se trataba de convocatorias oficiales a artistas vivos y tenían un jurado que decidía sobre la admisión de las obras y el lugar que ocuparían dentro de la exposición. Derivado de ello surgieron en 1884 los salones independientes con la llegada del Posimpresionismo, cuya vocación era reunir a artistas que reivindicaran su cierta libertad a través de su obra. El acontecimiento estaba caracterizado por la ausencia de jurado y de recompensas monetarias bajo el lema “Sin jurado ni premios (Sans jury ni recompense)”, pero sí tenía un comité de admisión. A pesar de su carácter autónomo, se sumaron las autoridades municipales parisinas proporcionando un lugar para su exhibición.
Otro de los ejemplos es el Salón D’Automne (Salón de Otoño) creado en 1903 como un foro para lo más representativo de las nuevas tendencias del arte y un medio de protesta del medio artístico contra las instituciones conservadoras que establecían parámetros para la producción y la difusión del arte; una de sus características era la conformación de un jurado elegido cada año por sorteo entre sus organizadores y entre sus participantes iniciales se encontraban Paul Cézanne, Odilon Redon y Henri de Toulouse-Lautrec. Asimismo, el Salón des Réalités Nouvelles (Nuevas Realidades) fundado en 1946 cuyo objetivo fue la promoción del arte no figurativo o abstracto (geométrico y concreto); su organización corrió a cargo de los propios artistas, entre ellos Sonia Delaunay, Nelly van Doesburg, Auguste Herbin, Félix del Marle y Jean Arp. Al proyecto se sumarían posteriormente críticos y otros creadores como Jean Dewasne y Victor Vasarely, Vieira da Silva y Robert Motherwell, y desde 1956 se incluirían todas las tendencias de abstracción.
En América han existido intentos célebres, entre ellos en Chile, que, si bien comenzaron a regir desde 1906, fueron legalizados en 1931, tras la fundación de la Asociación de Artistas, quienes impulsaron el Salón de los Independientes. Otro es el Salón de Arte Cubano Contemporáneo, cuya primera edición se celebró en 1995 bajo la premisa de un Salón para todos y constituyó una de las misiones fundamentales del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales; surgido como una respuesta institucional a la necesidad de instaurar un espacio de promoción y visibilidad del arte cubano.
En México, el Salón Independiente surgido en el contexto de la represión del movimiento estudiantil que 1968 y el desacuerdo que generó la Exposición Solar convocada por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) abrió posibilidad a las organizaciones grupales para desarrollar proyectos de carácter experimental que fortalecieran las actitudes contestatarias frente al orden establecido, agrupando a artistas de posiciones estéticas y políticas heterogéneas; mismo que se presentaría en el Centro Cultural Isidro Fabela y en el cual participarían algunos artistas de la hoy llamada Generación de la Ruptura. En 1969 y 1970 se realizaron el Segundo y el Tercer Salones Independientes en el Museo Universitario de Ciencias y Artes (MUCA) de la UNAM.
Es así como espero que esta iniciativa surgida de la propia comunidad artística logre un eco y pueda concretarse, tomando como base los ejemplos de los distintos salones antes citados, lo cual permitirá, sin duda alguna, una sana confrontación plástica en nuestro Estado.
Curador.
