Media centuria de consagración a Dios conmemoraron los sacerdotes Manuel Ceballos García, José Francisco Basto Aguilar, Jorge Elías Chi Chan y Bartolomé Tuz Mut en una ceremonia eucarística que presidió ayer el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, en la capilla de la Casa de la Cristiandad, en la colonia Chuminópolis.

Los padres Ceballos, Basto y Tuz son párrocos de Nuestra Señora de Yucatán, de Nuestra Señora de la Asunción (Tecoh) y de Nuestra Señora del Carmen, respectivamente; mientras que el padre Chi Chan es confesor de la Catedral.

El padre Basto dijo que agradecía a Dios por su vida y “a ustedes por acompañar con su oración a un servidor”. También, a sus formadores que le inculcaron el espíritu de la misión de la Iglesia: evangelizar, hacer presente a Cristo.

“Dios me permitirá seguir viviendo para evangelizar, haciendo presente a Cristo Jesús en las familias”.

El sacerdocio, hermoso

A su vez, el padre Jorge Chi compartió que su vocación surgió viendo a los sacerdotes de su pueblo, “me ayudó a no ver el sacerdocio como algo raro o difícil, sino algo bueno, algo hermoso, para quienes nos gusta esta vida de entrega”.

Asimismo, le ayudó crecer en el seno de una familia que era devota.

En su turno, el padre Tuz Mut agradeció a Dios por haberlo elegido para el camino sacerdotal.

“Gracias desde luego a mis papás, porque nunca me negaron nada”, dijo.

Recordó que durante su niñez los sacerdotes llegaban a casa de sus abuelos, “ahí comencé a conocerlos y fue donde Dios me llamó a través de ellos”.

Por último, el padre Caballos manifestó que “solo quiero hablar de gratitud”.

“Gratitud a todos los que fueron mis prefectos y profesores: Antonio Novelo Carrillo, Álvaro García Aguilar, Carlos Buenfil Palma, Alberto Castillo Aguilar, Fernando Díaz López, Jorge Ricalde Ricalde, Carlos Roca Lara, Leo Melancon, José María Casares Ponce, Armando Rejón Bojórquez, Lázaro Pérez Jiménez, Miguel Castillo Castillo, Luis Jorge y Francisco Montañez Jure: ellos fueron los instrumentos de Dios en los 12 años de mi estancia en el Seminario”.

“Gratitud a los que fueron párrocos de Hunucmá en mis años de Seminario: Alfonso Roca Lara y Fernando Rodríguez Rodríguez”.

“Gratitud al único párroco que he tenido, cuando recién ordenado me recibió en Ticul como su vicario parroquial: Juan Castro Lara”.

El apoyo de los padres

El padre Bartolomé se refirió a sus papás, “que nos permitieron ingresar al Seminario y luego nos acompañaron de una y mil maneras en nuestro proceso”.

“El sí de nuestros padres es tan grande o más que el sí del mismo sacerdote”, señaló.

Se refirió igualmente a la fraternidad sacerdotal, la cual se inicia con la oración de uno por los otros, 2orando diariamente por nuestros hermanos sacerdotes estamos viviendo la fraternidad sacerdotal”.

En la homilía, monseñor Rodríguez Vega indicó que las cinco décadas de sacerdocio de los presbíteros “es un testimonio que nos anima a los sacerdotes de hoy y particularmente a los jóvenes que pueden decir: ‘sí se puede, ellos van adelante y están trabando con intensidad en su ministerio’”.

Monseñor Rodríguez Vega concelebró con los arzobispos Fabio Martínez Castilla, de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, y Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, emérito de Yucatán; el nuncio apostólico de Papúa Nueva Guinea, monseñor Fermín Sosa Rodríguez, y el obispo auxiliar, Pedro Mena Díaz.

Al finalizar la celebración eucarística se sirvió un almuerzo.— CLAUDIA IVONNE SIERRA MEDINA

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán