Ellos acudieron para escuchar el mensaje de esperanza que Cristo les traía en la cuna. La esperanza a los que sufren, lloran, tienen crisis y dolor en el alma.
La esperanza, que es la principal virtud que tenemos, pues sin ella no tendríamos por qué vivir.
La esperanza mitiga la dureza de la historia que vivimos y que intenta aprisionar nuestro corazón con una coraza de hierro para acabar con los sentimientos y con la ilusión de vivir.
Estamos amenazados con el viento de la inseguridad que ha cimbrado los cimientos de nuestra sociedad mexicana y reconocemos la enorme fragilidad de nuestra agrupación materialista en la que ser pobre o poder serlo se convierte en una posibilidad aterradora sin darnos cuenta de que esto es un signo de una pobreza más profunda que es lo que aflige a nuestra alma.
La simplicidad de los pastores en la necesidad de luz para sus corazones y el ansia de humanidad es el ejemplo metafórico del camino a Belén para encontrar las soluciones que nos causan los conflictos desgarrantes.
El encuentro con Jesús con el corazón sencillo y el alma limpia borrará nuestro miedo a perder la esperanza.
Presidenta del Patronato Pro Historia Peninsular.
