Él no es un pintor cualquiera, ha dado a la pintura abstracta un giro que pocos podrían al usar las líneas y no las masas de color. Luego, en medio de esas formas lineales, expresa fugaces figuras en el lienzo, con tan solo cuatro colores primarios que se mezclan y fluyen en la obra una y otra vez.

Se trata de Gabriel Ramírez, artista yucateco a quien muchos consideran el “padre de la pintura abstracta” en Yucatán.

El 4 de enero próximo cumplirá 85 años y con ese motivo ha preparado la exposición “18 de los veintes”, que se presentará en la galería Jaime Barrera Arte Contemporáneo, y la cual alude a 18 obras, que inicialmente iban a ser de los años 2020, 2021 y 2022. El pintor tiene tanta obra reciente que al final decidió que todos los trabajos que se exhibirán fueran de este año que termina.

La exposición se abrirá mañana a las 19 horas.

La obra pictórica de Gabriel Ramírez tiene elementos de formas muy lineales que resultan más apegados a la gráfica y que dan cuenta de sus raíces en el dibujo.

A lo largo de su trayectoria su pintura se ha transformado y evolucionado lentamente, como él mismo dice, pero la esencia de su trabajo sigue intacta en el lienzo.

Para la entrevista que concede al Diario en la galería que acoge la muestra nos recibe con una gran sonrisa y su característica sencillez. Enfundado en pantalones de mezclilla y una camisa blanca, llama la atención por sus zapatos pringados de pintura, convertidos, sin querer, en otro lienzo que da cuenta de su profesión.

Y es que Gabriel Ramírez no deja de ser pintor en ningún momento. “Es lo que vivo y lo que soy, soy pintor”, expresa y cuenta cómo la pintura lo ha salvado, porque “cuando uno pinta se abstrae de todo, incluso del hecho mismo de estar pintando”.

Explica que cuando la pandemia de Covid-19 comenzó y vino el confinamiento, se concentró en su pintura y por eso no le hacía falta salir, como hasta ahora.

Lo anterior ha hecho que tuviera los años más productivos de su carrera, pues en este 2022 ha pintado 80 cuadros; “una obscenidad”, expresa convencido.

Señala que para él es una bendición ir a trabajar, porque le hace feliz pintar. Eso sí, comparte que solo trabaja cuatro horas al día y que es lo que considera que cualquier persona es capaz de trabajar, ya que después de eso no rinde como debiera.

Sobre su obra, apunta que no cambia el uso de los cuatro colores primarios, entre los que el amarillo es uno de los que más resaltan, pues siente que requiere de su empleo en el lienzo, ya que es una tonalidad que le da placer.

Sin embargo, entre las obras que se podrán ver en la exposición hay cuatro que son únicamente en tonalidades de negro y gris, y que realizó cuando una persona lo retó a no usar el color.

En total hizo ocho cuadros de ese estilo, los cuales, confiesa, no le gustan, porque les hace falta la luminosidad que brindan los colores. Para compensarlo los firmó con un intenso rojo.

Jaime Barrera, presente en la entrevista, interviene al escuchar al maestro del abstracto para destacar la belleza de una de sus pinturas monocromáticas.

La mirada se pierde en las obras de Gabriel Ramírez, entre las líneas y las formas que, de manera azarosa, recrean una inesperada figura. Así cobra vida “La rana Eté”, la “Duquesa con monóculo y mota”, “Pájaro herido”, “Los quelonios matadores de tortugas” y “El perro ataca plaga”, entre muchas otras pinturas de su autoría.

“A la gente le gusta mucho buscar figuras en mis pinturas”, dice sonriente el artista, que no las incluye de manera obvia ni a propósito, sino que las ve surgir libremente mientras él se da a la tarea de intervenir el lienzo con los pinceles.

En cuanto a su proceso, cuenta que al alejarse de un lienzo percibe esos elementos figurativos que surgen de manera inesperada, en ese momento los aprovecha y los convierte en lo esencial de la pieza, esto al menos para dar nombre a un cuadro.

Debido a una afección cardíaca, desde hace algunos meses está obligado a usar un marcapasos. Gabriel Ramírez recibió la instrucción del cardiólogo de limitar el movimiento de los brazos, algo que para él es imposible de cumplir, ante la necesidad que tiene de pintar.

Dice sentir un poco más cansancio, pero explica que en esos casos hace una pausa y luego prosigue con la tarea que tanto le llena y emociona, porque para él pintar es eso: sentir placer y emoción. Pintar es el momento en el que considera se alcanza el sentido de lo que hace. Un cuadro terminado y lo que viene después es cosa aparte.

La exposición “18 de los veintes” estará expuesta de mañana al sábado 31. Se puede visitar previa cita al teléfono 9999-00-11-75.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

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