Hubo un tiempo en que la plástica yucateca se nutría casi exclusivamente de las temáticas costumbristas y los paisajes de nuestro estado, estampas regionales del campo yucateco, henequenales, monumentos prehispánicos, casas con techos de huano, bardas y brocales de alba roca, palmeras y veletas.

La escuela de la plástica yucateca que tenía su epicentro en el Centro Estatal de Bellas Artes, forjó notables talentos que encontraron en estos temas una fuente de inspiración casi única, como destinando a la pintura a rendir honor a la tradición yucateca más pura y aferrada, un arte atractivo para el turismo que lo adquiría como una curiosidad para el hogar o la oficina.

Sin embargo, a finales de los años 70 irrumpieron en la escena plástica dos jóvenes artistas dispuestos a ir más allá, a darle un rumbo nuevo y diferente a la misma, un rompimiento que marcó un parteaguas en el arte y la pintura, un arte de expresión pictórica libre de palmeras y veletas; se trataba de Gildo González Angulo y Oscar Ortiz Otero, una dupla de talentos que a partir de hoy y hasta mediados de marzo de este año estarán presentando la exposición “Sin palmeras ni veletas” en la galería norte del Museo de la Ciudad en el centro de Mérida.

Esta exposición se enmarca en el Mérida Fest 2023, organizado como parte de los festejos por el 481 aniversario de la fundación de la capital yucateca.

En entrevista con el Diario, ambos artistas hablaron de esta exposición, la cual no es de modo alguno una visión retrospectiva de su obra, es más bien una exposición en la cual ambos talentos evocan una suerte de catálogo de múltiples técnicas, estilos y formatos, cuyo común denominador es que cada obra lleva intrínseca la identidad de los yucatecos pero sin caer en el paisajismo, el costumbrismo y lo figurativo de aquello que distingue, da identidad o caracteriza a esta región del país.

La exposición consta de 75 obras, algunas realizadas de manera conjunta entre los dos e incluso en el caso de las nueve esculturas que se exhiben, hay por lo menos una pieza en la que intervino también la escultora Gerda Gruber, así como cuadros en técnicas diversas como óleo, acrílico, grabado, pastel, acuarela, y cuyas temáticas se presentan en estilos figurativos y abstractos, algunos datan de 1979 y en ellos es posible contemplar la propuesta estética que los noveles artistas abordaban, que les hicieron merecedores lo mismo a buenos augurios que a duras críticas.

Autodidactas, libres de formación académica, pero forjados en la búsqueda de nuevos elementos de expresión y estética, Gildo y Oscar sentían que la plástica yucateca podría ir por nuevos rumbos y horizontes, no permanecer solamente en el paisajismo y el retrato, estilos que tenían en notables maestros locales a sus más grandes exponentes, forjadores de una corriente más que sólida.

“Cuando irrumpimos en la escena de la plástica yucateca con una propuesta muy diferente a lo acostumbrado, hubo muy buenos comentarios de muchos miembros de la comunidad artística, pero otros nos criticaban, era claro, el estilo que había predominado en Yucatán era el paisajista y el retrato”, comentó Gildo.

“No fue fácil desarrollar esta corriente, no era algo a lo que el común del publico estuviera acostumbrado”, subrayó Oscar.

“Perseveramos, fuimos fieles a un estilo en el arte, sacrificamos mucho, innovamos con todo tipo de técnicas, era arte yucateco pero sin palmeras ni veletas, de ahí el nombre de la exposición”.— Emanuel Rincón Becerra

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