CIUDAD DEL VATICANO.— El papa Francisco llamó ayer a los sacerdotes a rechazar “la búsqueda de las satisfacciones mundanas” y más bien abrazar la cruz con una vida de oración y con los sacramentos.
El Pontífice hizo este llamado durante la audiencia con un grupo de sacerdotes de la Arquidiócesis de Barcelona, España, que se dedican a la pastoral juvenil.
“Jesús nos llama desde nuestra pobreza, desde nuestra fragilidad, debemos responder a esa llamada con un propósito perenne de conversión. Rechazar el carrerismo, la doble vida, la búsqueda de satisfacciones mundanas, abrazando la cruz, las mediaciones de la Iglesia: sacramentos, vida de oración, ascesis, etcétera”, dijo.
Francisco también pidió a los sacerdotes “ser capaces de misericordia (…), no dando lecciones sino testimoniando una experiencia de intimidad con Dios”.
La delegación, de unos 70 sacerdotes, según informó la Santa Sede, recibió el saludo del Pontífice, quien también entregó un mensaje a todos los participantes que no fue pronunciado.
“Somos, sí, llamados individualmente, pero siempre para ser parte de un grupo más grande, caminar juntos escuchando antes de hablar, saber colocarnos según convenga, también en medio y atrás, no sólo delante”, escribió en su discurso.
“Buscar la fraternidad en todos los ambientes sociales, aprender y enseñar a acoger a todos, a trabajar con todos, a buscar soluciones de consenso que tengan un amplio respiro”, recomendó el Papa, al tiempo que pidió “vivir con un espíritu libre, en sana indiferencia”.
En Goma, Congo, se informó que cuando el Papa arribe a ese país y a Sudán del Sur la semana entrante, miles de personas tomarán nota de un gesto más terrenal que la señal de la cruz. Desde sus sillas de ruedas, comprenderán cómo la usa él.
El Papa, que empezó a usar una silla de ruedas el año pasado, visitará dos países donde años de conflicto han dejado muchos discapacitados, pero que están entre los más retrasados del mundo en cuanto a accesibilidad y comprensión. Su visita alentará a católicos y no católicos por igual.— Aciprensa/EFE/AP
“Sabemos que es un sufrimiento, pero nos reconforta ver a una gran personalidad como el Papa usar una silla de ruedas”, expresó Paul Mitemberezi, un vendedor de mercado en Goma, en el corazón de la región del Congo oriental, amenazada por decenas de grupos armados. “A veces nos da el valor de tener la esperanza de que esto no es el fin del mundo y uno puede sobrevivir”.
Mitemberezi, católico y padre de familia, quedó discapacitado a los tres años de edad debido a un ataque de polio. Mantiene a su familia con su trabajo y no concibe ser un mendigo. Camino del mercado, su silla de tres ruedas cruje al pasar sobre las piedras de caminos no pavimentados. En su casa no hay rampa, lo que lo obliga a dejar afuera su silla de colores brillantes, con riesgo de que la roben.
Cada mañana, cuando sale a jugar básquetbol, se asegura de que la silla sigue ahí antes de salir arrastrándose. “Es mis piernas, me ayuda a vivir”, dijo. Aplica una bomba de bicicleta para inflar las ruedas y parte, abriéndose paso entre los camiones y las motos.
