En el Día Internacional de la Mujer, que se conmemora hoy, el foco de atención está en las condiciones de vida de la población femenina, que, según las características de la sociedad en la que se encuentra, llega a resentir de diferente modo a su contraparte masculina los desafíos económicos, ambientales, educativos y culturales.

Una de las esferas en que suelen notarse más los contrastes por género es la laboral: denuncia común es la disparidad de sueldos entre personas que realizan el mismo trabajo y la dificultad de las mujeres para ascender a puestos directivos.

Con ese motivo, le preguntamos a cuatro personas que se desenvuelven en distintos ámbitos qué aspectos se podrían mejorar en la rama en que se desarrollan en relación con el trato y el reconocimiento a la mujer.

Para algunas, una situación laboral más favorable pasaría por permitir a las trabajadoras ocupar puestos de liderazgo, por ahora dominados por varones.

Para otras, el cambio consistiría en admitir que las mujeres tienen la misma capacidad para realizar iguales tareas que los hombres, incluso en la Iglesia.

Unas más se sienten en desventaja por la edad más que por el género, y por su origen geográfico, al desenvolverse en ámbitos en que se nota preferencia por personas que llegan de otros estados y países.

Sin embargo, también admiten que en algunos casos, como en la investigación científica, la situación laboral de las mujeres ha cambiado para bien en comparación con lo que se vivía en décadas pasadas, aunque los retos siguen presentes.

María Lucila May Peña

Escritora y coordinadora del Circuito Literario “De Península a Península”

“Considero que para mejorar el desempeño en el ámbito literario de la mujer es necesario que nuestras instituciones literarias y educativas favorezcan la comunicación entre las partes, entre las mujeres, sin despegarnos del contacto y de la influencia intelectual de los hombres.

“El trabajo literario necesita que las instancias tengan mayor apertura, que nos inviten a participar en diferentes actividades o en proyectos que tengan, que nos inviten a hacer propuestas, ya que para muchas actividades literarias invitan a gentes de otros estados y países y les pagan, y aquí en Yucatán hay mujeres que trabajamos y que somos ignoradas y hasta bloqueadas para usar algunos espacios, como me ha sucedido a mí. No soy la única, hay otros casos, como el de Marco A. Murillo, Premio Ciudad y Naturaleza ‘José Emilio Pacheco’ 2020 de la FIL de Guadalajara, al que se le ignora por causas que no se saben.

“Es necesario que se reconozca el trabajo de quienes todos los días están haciendo algo por la literatura y por la cultura en general, y apoyar el avance de una sociedad que necesita abrir los ojos.

“Hay empleados en las instituciones que no tienen nada que hacer en algunas reuniones, solo van de relleno a las actividades, y deberían estar revisando y trabajando, haciendo, por ejemplo, listados para decir ‘éstas son literatas; éstas, bailarinas, y a éstas no las hemos invitado nunca, ¿qué están haciendo?, vamos a verlas y preguntarles’”.

Como creadora y gestora cultural, María Lucila promueve el trabajo de artistas con trayectoria y emergentes, pero siente que este trabajo la mayor parte de las veces no es reconocido.

Dallely Melissa Herrera Zamora

Investigadora del Instituto de Energías Renovables de la UNAM y colaboradora del Cinvestav Unidad Mérida

“Actualmente hay un mejor reconocimiento hacia la mujer en la ciencia en comparación con años atrás. Sin embargo, considero que nos queda un camino largo para que seamos reconocidas como líderes en los puestos administrativos de los institutos y centros de investigación, ya que éstos se encuentran dominados mayormente por los hombres.

“En relación con el trato, existe cordialidad y respeto entre mis compañeros. El trabajo muchas veces, al menos en lo que respecta a mi área que es el Uso de Energías Renovables para la Industria, requiere una mayor comprensión hacia la mujer porque muchas veces nos subestiman y no creen que tengamos la capacidad física para sacar adelante el trabajo. Cuando se tiene éxito, la mayoría de las veces se le atribuye a un hombre.

“Creo que muchas mujeres en la ciencia coincidimos en que es necesario y urgente que exista mayor equidad en los puestos laborales de los centros de investigación”.

Leticia de Jesús González Ku

Religiosa de la congregación de Hermanas Trinitarias, encargadas de la Casa Hogar Luisa María Clar

“Hay que decir que nuestra congregación es abierta, esto significa que no nos regimos solo por la vestimenta, por lo que a veces sentimos que por no usar hábito hay una parte de la sociedad y de la Iglesia que no nos acepta.

“Tenemos permiso para usar otra vestimenta por el tipo de trabajo que realizamos con las adolescentes, es una manera de acercarnos más a ellas, hace que se sientan más en confianza. Sin embargo, eso hace que algunas personas vean como ‘más santas’ a otras religiosas que sí portan el hábito, nos discriminan por usar diferente color o pantalones.

“Esto sucede en la sociedad en general. Hay quienes no nos toman en cuenta por nuestra vestimenta, cuando la esencia es lo importante”.

A la hermana Leticia de Jesús le gustaría que las mujeres tuvieran más participación en las actividades de la Iglesia porque son capaces de hacer lo mismo que un hombre. “Por ejemplo, nosotras (las Hermanas Trinitarias) que trabajamos con adolescentes, siempre nos estamos poniendo al día para no estar rezagadas, nos esforzamos para estar siempre bien preparadas. Por ello debería haber una mayor apertura, deberían confiar más en nosotras”.

Afirma que sí hay quienes reconocen y valoran su trabajo, ya que conocen el desafío que es atender a jóvenes. Hay madres de familia que les dicen que es difícil lidiar con sus hijas y admiran que las hermanas tengan a su cargo de 15 a 20 jóvenes con diferentes personalidades y además en situación vulnerable, a las que se brinda formación integral humana, académica y espiritual.

Madeline Capetillo Cardeña

Modelo

“La verdad es que el trato que he recibido todas las veces que he modelado ha sido excelente. Siempre las empresas o marcas nos buscan alternativas de ropa que a todas, según nuestro estilo de cuerpo, nos favorezcan y permitan lucir la ropa, sobre todo en casos como el mío, de mujeres de mediana edad, que no somos tan altas, que como señoras quizá tenemos una lonjita…

“Siempre ha habido un trato excelente tanto de las mujeres como de los hombres que en ocasiones han coordinado las pasarelas”.

En relación con el trabajo propiamente de modelaje, Madeline asegura que de igual manera se desarrolla de buena forma, aunque al comienzo de su experiencia le fue evidente una desigualdad: ella y otra compañera, ambas mujeres maduras, no recibían la misma remuneración que otras modelos que habían sido representantes de belleza del Estado y con las que compartían la pasarela.

Cuando se enteraron de que a las jóvenes les pagaban mucho más que a ellas, sintieron que no era justo, pues trabajaban el mismo tiempo, hacían un esfuerzo igual y cumplían con los traslados como lo hacían todas.

Al 100%

“Estábamos en las pruebas de ropa el tiempo que fuera necesario y si había que estar a las 5:30 de la mañana en el sitio del evento para el maquillaje y peinado, ahí estábamos, cumplíamos al 100% todo”, dice Madeline. Así que un día su compañera habló con el coordinador y a raíz de esa conversación les equipararon el sueldo.

Madeline afirma que, según su experiencia, en el modelaje sí hay un reconocimiento al trabajo de las mujeres. Desde jóvenes hasta damas adultas que asisten a las pasarelas acostumbran manifestarle su admiración por el trabajo que realiza y es frecuente que se acerquen a ella y a su colega de mediana edad para felicitarlas por su desempeño.

“Las mujeres que asisten a las pasarelas en el fondo de su alma siempre han tenido el deseo de estar en un desfile y cuando nos ven a nosotras, que somos modelos de un estilo de cuerpo más ‘común y corriente’, como el de una mujer que te puedes encontrar en cualquier parte, más real, les encanta”.

“Se acercan para decirnos que les gustó mucho nuestro desempeño”.