Más allá de las promociones literarias, encuentro con los autores y presentaciones de libros, la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey) es una oportunidad para que promotores culturales den a conocer los talleres y programas que tienen para acercar al público a la literatura.
Así lo explica la narradora y poeta Lourdes Cabrera Ruiz, directora del Departamento de Fomento Literario y Promoción Editorial de Sedeculta, que cuenta con un espacio propio en la Filey, donde se brinda información sobre los libros que edita la dependencia, al mismo tiempo que se promueven talleres infantiles y juveniles.
En breve charla con el Diario, Cabrera Ruiz valora el retorno presencial del encuentro literario para que el público conozca el trabajo que realiza Sedeculta en la promoción cultural, que incluye a la literatura.
Incluso se dice satisfecha por las metas cumplidas durante su gestión, en que se han logrado impartir talleres y dar de manera gratuita textos infantiles y juveniles en las escuelas que visitan.
Entre las actividades a destacar, dice, se encuentra el taller “Gramática de la fantasía”, a cargo de César Daniel Mex Chi y Zandra Pruneda, disponible en la Filey de 13 a 13:50 horas. También se puede formar parte, en el mismo horario, del taller “Mindfulness: El increíble mundo de los chakras y los monstruitos protectores”, de Nina Sauri.
Sedeculta presenta
Explica que ambos talleres son promovidos desde hace algún tiempo por Sedeculta, al igual que el popular “Cuentacuentos”, que tiene como sede la Biblioteca “Manuel Cepeda Peraza”. Estas actividades se promueven a través de las redes sociales de la misma dependencia.
Además de convocar al público a los talleres, también invita a las presentaciones de libros, entre ellos “Apenas toco el mar y se oscurece”, de Ramón Iván Suárez Caamal, el sábado 18 a las 18 horas.
El domingo esperan a los lectores en la presentación del libro “¿Quién escucha a los geckos?”, de Damaris Disner, a las 13 horas.
Todas las actividades se realizan en el espacio de Sedeculta en la Filey, donde también se cuenta con herramientas para una literatura inclusiva, como un aparato auditivo que sirve para que las personas con discapacidad visual puedan seguir la lectura de algunas obras que incluso se encuentran disponibles en el sistema Braille.
